Quizá una de las adicciones más frecuentes que encontramos en la sociedad no sea a una sustancia química, a una actividad o a un smartphone. Quizá la adicción más habitual y más destructiva que existe en la sociedad sea escapar de un@ mism@. Una adicción a negar nuestra identidad y adoptar una personalidad idealizada. Tan imposible e inalcanzable como destructivo y vacuo.

Fobia a ser nosotr@s mism@s

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.
-Jorge Luis Borges-

La huída de nuestra esencia se produce en el momento en que nuestros atributos y capacidades entran en conflicto con los cánones sociales establecidos por una ideario comercial y hedonista. Una filosofía orientada al placer, a la búsqueda de la aprobación externa y al miedo a estar solo.

La irrupción de las redes sociales trajeron consigo el acercamiento de personas que se encontraban lejos, antigu@s compañer@s de clase, familiares extraviados y nuevas formatos de relación humana. Pero cada avance tecnológico también tiene un reverso tenebroso. Y con esta revolución tecnológica también se ha potenciado la influencia de la sociedad del consumo, donde todo objeto, persona o idea adquieren su significado en la medida que pueden ser utilizados para un fin.

Toda persona que no encaje en este modelo de vida es masivamente discriminada y excluída. Quien no viste de una determinada manera, no usa unas determinadas marcas o no tiene una cantidad determinada de seguidores, likes y comentarios… no encaja. No es popular, no es socialmente valorada y, por tanto, no se invita a eventos, grupos de whatsapp, actividades de ocio o círculos de amig@s. En definitiva… Estorba.

Quien no viste de una determinada manera, no usa unas determinadas marcas o no tiene una cantidad determinada de seguidores, likes y comentarios… no encaja.

Estos son los pilares en los que se construye la fobia a ser nosotr@s mism@s. Se nos desata un miedo intenso y atroz a mostrarnos tal cual somos por temor a ser rechad@s, excluíd@s, marginad@s. Y en lugar de reforzarnos en nuestra naturaleza exclusiva, estudiamos con detalle cuál es el perfil que más éxito tiene para acercarnos progresivamente a ese idílico estatus, donde fantaseamos con todo tipo de premios y recompensas afectivas, sociales y económicas.

La brecha entre el yo auténtico y el yo proyectado

Yo soy un pirata, después de todo
-Johnny Depp-

A medida que escapamos de nuestro auténtico yo y nos instalamos en el yo proyectado (una personalidad estética y postiza con la que maquillamos nuestra identidad para ser aceptad@s) más aumenta el sufrimiento, el vacío, la desorientación y el desasosiego. Paradójicamente, cuanto más encajamos socialmente, más desencajad@s estamos con nosotr@s mism@s.

Hay quien llama a esto la crisis de los 40. Pero esta crisis tanto se puede dar a los 20, a los 30, como a los 60. No tiene que ver con una edad determinada, sino que más bien ocurre cuando dejamos de huir de la fuente original de nuestros pensamientos y sentimientos y comenzamos a entenderla. Cuando ya no quedan más lugares, placeres, personas o redes sociales en las que escondernos se produce una conexión brutal con una realidad profunda e inabarcable: nuestra auténtica naturaleza.

Es en este momento cuando sentimos en su máxima intensidad el vacío, la infelicidad, la soledad, la disociación. Es en este instante cuando se abre ante nosotr@s la valiosa oportunidad de conocernos, aceptarnos y potenciar nuestra esencia. Hay quien cambia de trabajo, vende sus propiedades, estudia otra carrera, practica mindfulness, cambia de amistades, deja de fumar, se hace vegano, realiza un voluntariado, viaja por el mundo o escribe un libro.

Cuanto más encajamos socialmente, más desencajad@s estamos con nosotr@s mism@s.

Lo que es común para toda persona es que una vez has entrado en contacto con tu auténtico yo y te has dejado envolver por él, tu vida se transforma. Ya no es posible seguir huyendo, seguir fingiendo o continuar con el teatro que venías haciendo. Se hace imposible sostener un minuto más toda esa farsa dirigida hacia el exterior anulando al único y exclusivo espectador interior. A partir de esa conexión transformadora, el único protagonista de tu conducta es el auténtico yo. Y tras el despertar de éste llega la paz, la coherencia, la integridad, la alegría.

La inmersión en el inconsciente

Recuerda quién eres.
-El rey león (película)-

El doctor Joe Dispenza, bioquímico y quiropráctico, en su libro “Deja de ser tú” lo explica del siguiente modo. Cuando las personas estamos orientadas hacia el exterior, hacia la necesidad de encajar en la sociedad, nuestro cerebro está funcionando en modo supervivencia. En este estado, los circuitos cerebrales situados en el lóbulo frontal, lo que denomina como mente analítica, producen ondas beta altas, una actividad eléctrica asociada a la ansiedad, el miedo, la preocupación, la ira y el sufrimiento. Este estado nos ayuda, a corto plazo, a superar situaciones estresantes que requieren nuestra máxima atención para salir airos@s. Sin embargo, cuando mantenemos este estado más allá de un breve tiempo, nuestros sistemas cerebrales y corporales se desincronizan, produciendo patologías.

Por otro lado, cuanto más estamos funcionando en la mente analítica asociada a la supervivencia, más nos conectamos al exterior, descuidando nuestro interior. Lo que quiere decir que cuanto más estamos preocupados por cumplir las exigencias de nuestro entorno, menos receptivos estamos a lo que estamos pensando y sintiendo, y en consecuencia menos nos conocem@s a nosotr@s mism@s. Por eso, cuanto más aumenta el vacío, la insatisfacción y la desincronía en nuestro interior, más necesitamos evadirnos. Buscamos refugio en actividades y adicciones, generamos dependencia a personas y relaciones, depositamos una importancia desmesurada en nuestro aspecto físico y nos angustia nuestra situación económica.

Toda huida hacia “fuera” supone un abandono “dentro”. El doctor Dispenza propone invertir el sentido de nuestra atención a través de la meditación. Cuando meditamos apagamos el ruido externo, reducimos la estimulación que recibimos de fuera y estamos más presentes en lo que sucede dentro. A medida que empezamos a indagar en nuestros procesos inconscientes, las ondas beta altas se sustituyen por ondas alfa, una actividad eléctrica asociada a la relajación, instrospección, reflexión y el aprendizaje.

Toda huida hacia “fuera” supone un abandono “dentro”.

La meditación nos permite estar más conectados con nuestra auténtica esencia, nos ayuda a ser concientes de los pensamientos y sentimientos que distorsionan nuestro equilibrio emocional y fortalece nuestras capacidades innatas.

Meditar significa aprender. Va más allá de sentarte en una alfombrilla con los pies cruzados y las manos en posición mística mientras respiras profundamente con los ojos cerrados. Meditar significa observar lo que nos sucede dentro y aprender de ello. Por eso, la meditación puede suceder cuando practicamos deporte, dibujamos, escribimos, leemos, vemos una película o simplemente miramos por la ventanilla del autobús.

¿Quién eres?

Lo que alimentas dentro de ti es lo que crece.
-Johann Wolfgang von Goethe-

Esta es la pregunta que tienes que incluir en tu meditación como un mantra. ¿Quién eres realmente? Olvídate de cómo quieren los demás que seas, lo que esperan de ti o qué forma de ser o fingir te permitiría encajar mejor en las personas de tu entorno. ¿Quién eres? O mejor dicho: ¿qué eres? Aquí te aportó algunas preguntas que te pueden ayudar a contestar esta incógnita:

  • ¿Cuáles son las características que te definen?
  • ¿En qué puntos de tu Yo sientes mayor debilidad para practicar la autoaceptación?
  • ¿Cuáles son las fortalezas de tu identidad que aportan valor al mundo para desarrollarlas?
  • ¿Qué actividades dan sentido a tu vida?
  • ¿Qué clase de personas restan alegría a tus días?
  • ¿Qué cosas de tu vida no dependen de ti?
  • ¿Qué aspectos de tu vida pueden ser modificados por tu influencia?
  • ¿Qué pensamientos y sentimientos enturbian tu estado de ánimo?
  • ¿Qué episodios de tu vida han ocurrido que necesitas pasar página?
  • ¿En qué actividades estás perdiendo tu energía?
  • ¿Qué lugares te recargan las pilas?
  • ¿Qué trabajo sincroniza mejor con tus pasiones?
  • ¿Qué libros te gustaría leer para aumentar tus conocimientos?
  • ¿Qué tipo de personas te gustaría que engrosaran tu lista de amistades?
  • ¿Con qué personas puedo contar incondicionalmente?
  • ¿Qué cualidad es única en mi?
  • ¿Cuáles son esas cosas que me hacen perder la noción del tiempo?

Estas son ejemplos de preguntas que te ayudarán a encontrarte a ti mism@. Pero hay muchas más, infinitas. Lo importante no son encontrar las respuestas, sino hacerte las preguntas adecuadas. Destinar momentos diarios a conocerte, explorarte y escucharte. Un tiempo de vacío exterior que reafirme tu auténtica identidad. Una identidad libre de cánones, roles o expectativas sociales, que esté más conectada con la alegría y sea fuente de equilibrio y serenidad.

Este post ha estado inspirado por la lectura del libro “Deja de ser tu”, del doctor Joe Dispenza. Te dejo el enlace aquí y te recomiendo enormemente su lectura para que empieces el año con una identidad renovada, pero más auténtica:

Mira aquí el libro “Deja de ser tú” de Joe Dispenza

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