Quizá tengamos que reencauzar la pregunta no en términos de posibilidad, sino de voluntad. ¿Es deseable cambiar?


Imagina una sobremesa familiar: un psicólogo en torno a una conversación parsimoniosa con personas allegadas, sin prisa y con apetencia por adentrarse en los misterios de la psique humana. Estamos en la travesía de una pandemia que nos evoca sobre todo incógnitas, de modo que necesitamos –a estas alturas– algunas respuestas . ¿Es posible lograr un cambio? Anhelamos esperanza. Y ya que parece que la prosperidad planetaria resulta cuanto menos un oxímoron, ¿Qué hay de la posibilidad de que yo pueda cambiarme a mí misme? Después de todo, frases como «sé tú el cambio que quieres ver en el mundo» se han convertido en auténticos leitmotiv del siglo XXI. De manera que he aquí un post resumiendo todas esas tertulias de café, filosofía y manteles de Ikea.

¿ES POSIBLE CAMBIAR?

«¿Cambiar? Cuando lo hagan las colinas.»

Emily Dickinson

El cambio personal es siempre un tema candente, de modo que la pregunta resulta irrefrenable. A las personas que nos dedicamos a la psicología se nos presuponen respuestas para casi todo lo concerniente a la transformación humana. Faltaría más, para eso se nos paga. Pero lo cierto es que no existen respuestas absolutas para incógnitas de tal magnitud.

La mayoría de críticas que he escuchado a los aportes de la psicología tienen que ver con perogrulladas: «eso yo ya lo sabía», «para eso no hacía falta ir a terapia» o –como recientemente un pariente me dijo– «los psicólogos tenéis mucha teoría, pero poca práctica.» Vayamos por partes.

«De hecho, con un smartphone en la mano hoy día en pocos minutos hasta se puede saber gratuitamente el cómo hay que cambiarlo.»

De entrada, creo que la pregunta está mal formulada. Quizá tengamos que reencauzarla no en términos de posibilidad, sino de voluntad. ¿Es deseable cambiar? Ahí el planteamiento nos da otra panorámica. Porque alguien que experimenta dificultades psicológicas sabe que tiene que cambiar y no le hace falta acudir a ninguna terapia para dar con el «qué» es lo que tiene que cambiar. De hecho, con un smartphone en la mano hoy día en pocos minutos hasta se puede saber gratuitamente el cómo hay que cambiarlo.

De ahí que el mérito de una terapia no esté en el qué y cómo se cambia, sino en influir en ese «deseo» de cambio. Creéme que eso es harina de otro costal.

EL MOMENTO INDICADO

«Nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día.»

Ernesto Sábato

Piensa por un momento en uno de esos cambios drásticos que hayas hecho en tu vida. Saboréalo un instante en el paladar de tu consciencia. Y ahora pregúntate: ¿no estuvo precipitado por algún acontecimiento ajeno a tu voluntad?

La mayoría de veces la voluntad de cambio es posterior al inicio de un cambio. Va horneándose a medida que aumenta la temperatura emocional que soportamos a raíz de ciertas grandes frustraciones, decepciones o sucesos trágicos. Lo cual no deja de ser, en cierta parte, un tanto decepcionante.

¿Por qué deberíamos esperar a que una variación radical en nuestras circunstancias nos haga plantearnos seriamente un cambio drástico en nuestro estilo de vida? ¿No tenemos bastante con ciertos toques de atención de nuestro entorno, si más no con ese rayo de intuición que nos habla a veces en la caverna de nuestra inconsciencia?

«La mayoría de veces la voluntad de cambio es posterior al inicio de un cambio.»

Sencillamente, cuando el cambio no se produce es porque aún no hemos sufrido bastante. Todavía necesitamos un poco más de dolor, una cantidad añadida más de malestar o alguna que otra pérdida irrevocable que nos haga desprecintar definitivamente nuestra motivación de cambio.

Y aún así, por más que los niveles de sufrimiento hayan alcanzado cotas insuperables, en última instancia nuestra voluntad puede estar a merced de la tozudez innata del ser humano. Hay quien se lleva a la tumba flaquezas en un estado de lo más inmaculado y virginal.

EL TERMÓMETRO DEL CAMBIO

«Cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos.»

Viktor Frankl

Hace tiempo, dos señores se plantearon las mismas incógnitas que aquí aparecen y eso les llevó a crear un modelo explicativo del cambio que ha conseguido bastantes reconocimientos por parte de la comunidad científica. Se trata de James Prochaska y Carlo Diclemente y su famoso Modelo Transteórico del Cambio.

Al parecer, identificaron una especie de fases por la que toda persona suele pasar en el tortuoso camino de un cambio personal. A saber:

  • Fase precontemplativa: la persona recibe presiones externas para iniciar un cambio personal trascendente, pero aún no existe ni voluntad ni conciencia sobre la necesidad de cambiar.
  • Fase contemplativa: las presiones externas incrementan, al mismo tiempo que hay una mayor conciencia sobre la necesidad de cambio. Pero aún las resistencias están íntegras y sin apenas fisuras.
  • Fase de preparación: algunos acontecimientos pueden haber precipitado que la persona movilice su voluntad de cambio y busque ayuda.
  • Fase de acción: el esfuerzo de cambio se acaba por hacer patente y se evidencia un progreso en el comportamiento observable de la persona.
  • Fase de mantenimiento: la tenacidad y persistencia de cambio hacen que la persona supere las dificultades en la estabilización del progreso conseguido y acaba por dar un giro por completo a su estilo de vida, minimizando la posibilidad de recaer en los viejos hábitos.
  • Fase de finalización: se desvanece la necesidad de recurrir a ayuda externa para mantener el cambio y la persona es autosuficiente para desenvolverse en su nuevo rol, identidad o estilo de vida.

«El modelo de Prochaska y Diclemente aporta una especie de termómetro a la hora de medir cuán probable será que una persona pueda o quiera cambiar.»

El modelo de Prochaska y Diclemente aporta una especie de termómetro a la hora de medir cuán probable será que una persona pueda o quiera cambiar. De modo que si estás en la encrucijada de decidir si mantienes o no una relación compleja con alguien o le das una segunda oportunidad a una persona cercana… este modelo te ayudará a poner tus ideas en orden.

PUNTO Y APARTE

«Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.»

Alexei Tolstoi

Llegados a una fase de cambio donde la voluntad está movilizada y mira hacia un nuevo horizonte es entonces cuando se hace útil la mayoría del contenido que podemos recopilar en blogs, podcasts y videos de psicología. Antes de eso, no desperdicies el tiempo consumiendo información o atiborrando de conocimientos técnicos a ese ser cercano que tanto necesita cambiar. No servirá de nada.

No hay que menoscabar la robustez y el aguante al que puede llegar la obstinación del ser humano. Cuando creemos que alguien no puede sufrir más y ha llegado definitivamente a tocar fondo, siempre podemos llevarnos insospechadas sorpresas.

Ahora bien, cuando se consiguen traspasar los filtros y resistencias de la motivación para desprenderse de las huellas del pasado, se abre un portal hacia una nueva dimensión con infinitas posibilidades.

«No desperdicies el tiempo consumiendo información o atiborrando de conocimientos técnicos a ese ser cercano que tanto necesita cambiar. No servirá de nada.»

Por eso, no expondré en detalle aquí todas las herramientas que pueden servir de andamiaje para conducir la voluntad hacia la materialización de un cambio trascendente. En esta primera parte del post me detendré exclusivamente en recalcar la enorme importancia de movilizar la voluntad. Y en la segunda parte detallaré algunas respuestas que podemos encontrar en el campo de la psicología y el desarrollo personal para consumar una auténtica transformación personal.

Mientras tanto, toca pararse a contemplar nuestra trayectoria. Observar el recorrido que hemos venido trazando hasta este momento. Y ver de qué modo estamos yendo en sintonía con lo que la vida nos va mostrando en forma de «señales».

Foto de portada: Ben Sweet on Unsplash

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