IMG_5434.JPG

El destino no está escrito, está en continuo movimiento. El futuro siempre es incierto. Las probabilidades son volubles y nunca hay nada garantizado. Condicionar tu felicidad a las circunstancias te pone en peligro. Lo único con lo que puedes contar es con tu Fuerza Interior, tu capacidad de esfuerzo y de sacrificio, tu resistencia a los golpes de la vida y tus ganas de levantarte una y otra vez, con más energía aún que en la última caída. Ése es el camino del guerrero.

El dolor

“El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro”. -Concepció Arenal-

Nunca sabes dónde te llevará la vida, ni qué retos te tiene preparados. Lo que sí debes saber es que puedes mantenerte fuerte e imbatible por muy duro que te castigue. Resistir cualquier envite y seguir viviendo como si no hubiese final. Porque el destino lo creas tú. Con cada músculo que movilizas. Con cada impulso que tomas. Con cada kilómetro que dejas atrás en el asfalto.

Ése es “el camino del guerrero”. El de la lucha permanente por la conquista de un nivel superior de existencia. Un lugar donde no se temen a las adversidades, sino que éstas son bienvenidas. Porque la adversidad aumenta el poder del ser humano. Si te mantienes firme y movilizas todas tus reservas de energía, la adversidad te demuestra que los límites sólo existen en tu mente. Siempre puedes aumentar tu sabiduría y duplicar tu fuerza. Tan sólo necesitas paciencia, aguantar, mantenerte firme en el momento más álgido del dolor. Porque éste es pasajero y trae consigo un mensaje revelador.

 

“La vida nos manda señales todo el tiempo. El dolor es sólo un mensajero”.

 

Sí. La vida nos manda señales todo el tiempo. El dolor es sólo un mensajero. Se genera en el cerebro y habla a través del cuerpo. El dolor te indica que algo no anda bien ahí adentro. Que es necesario buscar un momento de silencio para replanteártelo todo. Reafirmarte en tus elecciones. Comprobar que los planes y las personas que te rodean son los mejores compañeros de viaje.

A veces nos pasamos la vida sólo “haciendo”. Sin pensar. Sin saber si nuestras rutinas y nuestros hábitos nos llevan al lugar que desea nuestro ser interno. Y así pasamos meses. Y años. Haciendo… Ocupándonos el tiempo en actividades sin alma, sin esencia. Dejando nuestra felicidad para otro momento. Vamos acumulando cuentas pendientes con nosotros mismos, ignorando que en algún momento tendremos que mirarnos al espejo y superar todo aquello que nos hace pequeños. Debemos estarle agradecidos al dolor, pues él nos enseña “el camino del guerrero”.

El camino y el guerrero.

“Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino” -Gabriela Mistral-

 

IMG_5443.JPG

 

“Un guerrero” es cualquier persona que sigue su camino con determinación, dispuesta a conquistar su destino y adueñarse de su presente. Un guerrero es una mujer. También es un hombre. Puede tener rostro de niña. O de niño. Pero lo que verdaderamente distingue a un guerrero es su espíritu de lucha.

En su camino un guerrero aprende a sufrir sin quejarse. Sabe que el sufrimiento es el precio que hay que pagar por vivir en un mundo que nos brinda momentos bellos e intensos. ¡Siempre hay belleza alrededor! Un guerrero cambia la queja por agradecimiento e invierte su energía en mejorarse a sí mismo. Perfecciona su técnica, aumenta su destreza. Sabe que a pesar de que el camino le depare pérdidas irreversibles, siempre puede fortalecer su actitud y reducir el impacto que los golpes dejan en su cuerpo.

 

“Un guerrero no le tiene apego a la rabia ni al odio”.

 

Un guerrero necesita a sus compañeros y nunca les ataca con mensajes o actos de violencia. Les dedica sus mejores pensamientos, porque sabe que nadie ha llegado sólo muy lejos. El guerrero ama a corazón abierto y no le da miedo ser abandonado. El amor que emana del alma es imperecedero. Con cada abrazo, con cada beso… sanan sus heridas y se aplacan sus miedos. Necesita el amor para mantener viva la llama del Fuego Interno. Y aunque a veces el camino también comporta sufrir la traición, un guerrero no le tiene apego a la rabia ni al odio. En los momentos de vulnerabilidad un guerrero se rodea de las personas que ama y renueva el poder que le otorgan sus sentimientos.

Hay ocasiones en el camino que la angustia puede nublar la visión de un guerrero. Es como una fina telaraña que se adhiere a los ojos y distorsiona la percepción del mundo externo. Toda mirada a través de la angustia está deformada y actuar bajo su influencia puede llegar a apartar a un guerrero del camino. En lugar de avanzar por los atajos del miedo, un guerrero debe hacer un alto en su trayecto. Cuestionar su visión y comparar la realidad que percibe con la verdad que revela su intuición. La intuición es un escudo protector. Está forjada por el conocimiento acumulado en el camino y permite identificar trampas y enemigos. Por eso un guerrero desconfía de todo aquello que le promete bienestar sin esfuerzo y huye de todo lo que parece fácil. Sabe que los grandes logros están precedidos de grandes sacrificios.

 

“Un guerrero desconfía de todo aquello que le promete bienestar sin esfuerzo”.

 

El largo trayecto recorrido hace que un guerrero sea paciente y tenaz. La velocidad bloquea el pensamiento y sabe que las prisas le ponen en riesgo. Un guerrero espera a que llegue su momento y no le teme al paso del tiempo, pues ha aprendido a disfrutar del paisaje con que le deleita el camino. En demasiadas ocasiones ha comprobado cómo hubo personas que se perdieron por querer avanzar rápido. A veces es necesario caminar despacio, asegurar cada paso y detenerse para comprobar que se tiene el rumbo adecuado.

Aceptación

“Para hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos dejar de ponerle aceite”. -Santa Teresa de Calcuta-

 

IMG_5442.JPG

 

A veces ponemos todo cuanto tenemos en lograr algo y a pesar de eso no obtenemos los resultados que queremos. Conviene tenerlo presente y estar preparados si llega el momento. Las personas solemos intentar combatir las preocupaciones ignorando aquello que nos genera desconcierto. Otras veces recurrimos al pensamiento mágico y creemos que las cosas saldrán bien por el mero hecho de desearlas.

Ésa no es la mentalidad de un guerrero. Un guerrero acepta la derrota como parte de su destino. Se prepara para perder lo que más desea y se desprende de todo sentimiento de apego que le aboque a una dependencia. La dependencia es un lastre en el camino y puede hacer que el guerrero desista de caminar. Contempla que puede perder, pero nunca se da por vencido. Antes de que pueda ocurrir, un guerrero ya ha planificado cómo enfrentará la derrota. Prepara su cuerpo para la lucha y se entrena para entregar toda su energía. Ésa es la razón por la que la mente de un guerrero no piensa en “clave de problema”, sino en “clave de solución”.

 

“La dependencia es un lastre en el camino y puede hacer que el guerrero desista de caminar”.

 

Estar preparado para que pueda ocurrir aquello que más temes que ocurra incrementa tu fortaleza mental. Ser consciente de las malas noticias que puedes tener en tu camino y tener preparadas varias soluciones te proporcionará calma interna y apaciguará tu inseguridad. Ahí es donde reside la auténtica fortaleza de un guerrero.

 

Te recomiendo que profundices sobre este tema en el libro “La Trampa de la Felicidad”, de Russ Harris.

¡COMPARTE el post si te ha parecido interesante y SUBSCRÍBETE al blog para que te lleguen en primacía nuevos posts!

Es posible que también te interese leer: “El Despertar de la Fuerza Interior: Episodio I”.

¡Gracias por leerme! 😉