design-4

En la vida siempre hay un momento de reto en el que aprender cómo forjar amistades, alianzas o vínculos sociales. Vivir es un continuo movimiento, tarde o temprano nuestras circunstancias cambian de golpe y nos vemos abocados a enfrentar etapas de soledad. Muchas personas no estamos preparadas para afrontar la soledad y lejos de obtener el beneficio de crecimiento que nos aporta, buscamos mecanismos desesperados de escape, estrategias que alteran su naturaleza y la transforman en aislamiento, desesperanza, depresión o ansiedad. Entre otras cosas la soledad nos da la oportunidad de descubrir el efecto imán. El efecto imán es precisamente un aprendizaje que nos permite atraer personas a nuestra vida. ¿Cómo? A través del despertar de dones y talentos que permanecen dormidos en nuestro inconsciente. Capacidades que desconoces de ti mism@ y que los momentos de soledad te dan la oportunidad de descubrir. Vamos a ver algunas de ellas.

1. Cultura

“La cultura hace a la humanidad algo más que un accidente del universo.” -André Malraux-

Leer, ver películas, visitar exposiciones, asistir a obras de teatro, explorar lugares insólitos de la naturaleza, descubrir nuevos rincones del planeta tierra… Todas estas actividades son las mejores actividades para hacer cuando no hay nadie en tu vida. A veces, estar rodeado de gente te impide conectarte con tu interior, escuchar la voz de tu consciencia y emprender caminos nuevos. Cuando hay muchas personas en tu vida, tu atención se dispersa y puede quedar difuminada hacia ti mism@. Participar de la vida de otr@s es enriquecedor, pero también es necesario generar conocimientos y saber por un@ mism@.

Cuando te conviertes en una fuente de sabiduría a través de la introspección y el descubrimiento de tu Yo Interno, la imagen que se proyecta hacia el exterior es muy atractiva y despierta el interés y la curiosidad de otras personas. Ese interés provocará el deseo de descubrir nuevos aprendizajes compartiendo su tiempo contigo. Y es de esta forma como se forja el inicio de una amistad. La cultura genera atracción.

 

“Tod@s queremos estar con gente de la que emana conocimiento.”

 

A tod@s nos encanta estar con personas que nos descubren canciones, películas, libros, mensajes, paisajes ocultos, viajes apasionados… Tod@s queremos estar con gente de la que emana conocimiento. Porque las personas tenemos la tendencia innata a la realización personal y necesitamos nutrirnos de gente que satisface esa necesidad. Nadie quiere estar con personas que no pueden aportar nada.

He conocido gente que no ha descubierto sus gustos, aficiones y pasiones hasta bien adentrada su madurez. Personas que no invirtieron sus ratitos a solas en divertir a su niñ@ interior, a enriquecer su intelecto, a cultivar su pasión por la vida. Por eso involúcrate en actividades que despierten tu gozo y diversión, que te aporten riqueza cultural y pronto te verás colmad@ de personas que quieran compartir esos destellos de felicidad contigo.

2. Desarrollo Personal

“Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, ¡qué soledad errante hasta tu compañía!” -Pablo Neruda-

Estar sol@s también nos permite indagar sobre los “por qués” de esta nueva situación. Y nuestro cerebro nos echa un cable en forma de pensamientos recurrentes. La mente no para de procesar una y otra vez la etapa que acaba de concluir con el ánimo de que extraigamos el máximo de jugo a esa experiencia. Nuestro Yo Interior necesita aprender de ella y para ello será necesario invertir mucha energía en digerir lo que ha sucedido.

La soledad es el mejor escenario donde descodificar la experiencia, observarla, analizarla, entenderla, integrarla y aplicar el conocimiento productivo que hemos extraído. Este es el paso que más cuesta, aquí es donde fallamos la mayoría. Porque este proceso comporta incomodidad, esfuerzo, implicación, compromiso, responsabilidad, dolor, sacrificio…

 

“Aprender significa enfrentar el miedo.”

 

Aprender del malestar requiere un proceso de humildad y honestidad brutal con nosotr@s mism@s, ponernos contra las cuerdas, forzarnos a mirar esa parcela de realidad que no queremos ver ni entender, sentir pinchazos de dolor recorriendo cada músculo y neurona de nuestro cuerpo, lanzarse al vacío del cambio, abrir las puertas de la incertidumbre, aceptar derrotas, emprender odiseas, adentrarnos en la oscuridad y resignarnos ante la frustración que genera lo inevitable… Aprender significa enfrentar el miedo.

Nos es mucho más fácil encontrar refugio en la adicción, en el abuso de lo mundano, en la quietud del lamento… en cualquier vía de escape. Pero escapar siempre es postergar, retrasar lo que no se puede parar. La realidad siempre nos aguarda a la vuelta de nuestra huída. Y se cobra intereses por demora.

Por eso hay que aceptar el trato: dolor a cambio de crecimiento. La soledad nos ayuda a expandir nuestros límites y conseguir una mejor versión de nosotr@s mism@s. Una versión renovada, más auténtica, más pura, más elevada… Y esa mejor versión en la que nos convertimos genera atracción. Atracción de gente que quiere experimentar esa promesa de cambio que tú ya has conseguido.

La meditación y la introspección (reflexión hacia el interior) son las mejores herramientas de digestión de la experiencia. La práctica de la meditación nos ayuda a despejar nuestra mente y vaciarla de pensamientos tóxicos y “basura mental”. Meditar consiste en básicamente en cerrar nuestros ojos y volcar nuestra atención plena en nuestra respiración, ignorando cualquier estímulo de distracción. Practicar cinco minutos al día de meditación renueva nuestra energía y nos devuelve lucidez mental. Una vez que recobramos claridad y consciencia en nuestros pensamientos, estaremos capacitad@s para identificar las enseñanzas claves de la experiencia pasada.

3. Cuidar a la gente

“La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.” -Aristóteles-

Este es un punto fundamental. Porque en muchas ocasiones la inercia de la vida, el estrés de las responsabilidades, la rutina, la comodidad, la pereza… nos hace descuidar a las personas que queremos.

 

“Es a través del intercambio de amor como se crean y expanden las relaciones humanas.”

 

Cuando somos adolescentes estamos volcados en nuestro grupo de amig@s, pero a medida que vamos cruzando la barrera de los treinta años, vamos perdiendo contacto, nos acomodamos a la inercia cíclica que nos marca la semana, postergamos planes y nos ensimismamos en un mundo hermético. Tenemos tendencia a hacernos hermitañ@s con la edad, es un instinto del cuerpo. Y eso, tarde o temprano, se acaba pagando a nivel emocional.

La amistad se forja en la interacción, en el intercambio, en el contacto continuo. Una amistad crece con una llamada inesperada, con un encuentro improvisado, a base de merendolas, comidas, cenas, desayunos, festines, celebraciones… Porque amar es una fiesta. Una fiesta continua que no debe parar. Es a través del intercambio de amor como se crean y expanden las relaciones humanas.

En la vida lo importante no es conseguir logros, sino mantenerlos. Aunque desarrollemos la habilidad de conocer gente, caer bien y crear amistades con relativa facilidad, no estamos exentos de la erosión afectiva que ejerce el paso del tiempo. Tenemos que aprender a desarrollar el don de demostrar sentimientos, mostrar gratitud, derrochar generosidad, entregar cariño… A la par que somos capaces también de agradecer sentimientos, acoger gratitud, aceptar la generosidad y recibir cariño. No es fácil.

Además, durante nuestro desarrollo personal siempre hay factores que pueden alterar alguna de estas capacidades y es entonces cuando surgen bloqueos emocionales, sentimentales o afectivos. Es posible que seamos portadores de traumas y bloqueos desde nuestra infancia, adolescencia o juventud. Podemos llegar a ser tan “buenos escapistas de los problemas” que hasta conseguimos olvidar que los tenemos. Y así vamos tirando millas, sin percatarnos de las fugas que van dejando vacío el depósito de afecto que tenemos dentro. Una experiencia traumática creada en el seno de nuestra familia o en el de una relación de pareja puede llegar a convertirnos en personas extremadamente dependientes o extremadamente desapegadas. Extremos que impiden la creación de relaciones humanas sanas.

 

“El efecto imán es en definitiva tu capacidad de conectarte contigo mism@   y desprender amor. Un amor que atrae hacia sí personas afines a tu órbita.”

 

Los espacios de soledad son la mejor oportunidad para arreglar esas fugas, esas averías de nuestro motor afectivo. Podemos invertir nuestros momentos a solas para depurar nuestras emociones, desbloquear traumas, superar experiencias dolorosas y aumentar nuestra capacidad de cultivar el amor. Podemos agudizar nuestra intuición para protegernos de personas que no aportan fertilidad a nuestra vida y acabar de una vez por todas con la maldición de las rupturas o las decepciones sentimentales.

El efecto imán es en definitiva tu capacidad de conectarte contigo mism@ y desprender amor. Un amor que atrae hacia sí personas afines a tu órbita. De forma idéntica a como funcionan los planetas…

Si te ha gustado el post ¡COMPARTE! Si quieres recibir en tu correo todas las publicaciones del blog ¡SUSCRÍBETE!

Sígueme también en:

www.franjodar.com
www.facebook.com/psicologiadvida
www.twitter.com/psicologiadvida