Hace algún tiempo que empiezo a prestar más atención al concepto de alegría que al de felicidad. Para la psicología la alegría es una emoción básica; igual que el miedo, la tristeza, la rabia o el asco, entre otras. Como emoción básica es un estado puntual que surge y se va, disparado por un estímulo externo o interno. Las emociones tienden a ser fenómenos relativamente breves. Pero aproximándonos a la alegría desde un punto de vista más bien oriental (pongamos por caso) ésta no sería necesariamente un estado fugaz, sino más bien un núcleo interno al que podemos acceder cuando trascendemos el sufrimiento. En este post me propongo desentrañar algunos caminos que nos conducen a “la Alegría de vivir”, ese estado vital que nos proporciona un estado de plenitud duradero.

Aceptación “de lo que es”

“Toda existencia comporta sufrimiento. El sufrimiento proviene del deseo. El sufrimiento puede ser vencido eliminando nuestro deseo, liberándose del deseo-apego. Esta es, oh monjes, la noble verdad sobre el camino que conduce a la supresión del sufrimiento, hacia el Despertar, el nirvana, El camino de las ocho ramas, el sendero óctuple.”

-Buda, las cuatro nobles verdades-

La primera de las 4 nobles verdades del budismo es Duḥkha: “toda existencia comporta sufrimiento”. Lo que equivale a decir que el mero hecho de vivir nos lleva a sufrir. No es posible vivir sin sentir dolor. Aquella persona que no entiende esta verdad noble se condena a una existencia que perpetúa el sufrimiento.

La segunda verdad noble es Samudaya: “el sufrimiento proviene del deseo”. La causa del sufrimiento se origina en el hábito instintivo de desear, de entretener nuestra atención con los placeres mundanos de este mundo. Desear te provoca insatisfacción, centrar tu atención en lo que careces para magnificar el valor de aquello que te falta y emprender una búsqueda hacia el objeto del deseo. Pienso que hay una tendencia a confundir deseo con propósito. El deseo es un anhelo superficial, el propósito es el motor de tu existencia. No es fácil distinguirlos, pero es crucial que aprendamos a hacerlo.

La tercera verdad Nirodha: “el sufrimiento puede ser vencido eliminando nuestro deseo, liberándose del deseo-apego”. El sufrimiento cesa cuando vivimos con desapego, preparándonos para la renuncia. ¿Puede ser esto posible? ¿Cómo puede alguien avanzar si no es a través del deseo? Creo firmemente que hay un modo de vida para cada persona que habitamos este planeta. Este modo de vida consiste en una conexión de experiencias, personas y objetos aunados por una especie de magnetismo genuino e invisible. Progresar en nuestro modo de vida se consigue mediante la coherencia, sin necesidad de recurrir al deseo. Cuando nuestro comportamiento está en coherencia con todo aquello que está dentro de nuestro magnetismo, las cosas que nos suceden parecen mágicas y experimentamos progreso sin drama. Cuando nos estancamos en el deseo de experiencias, personas y objetos que están fuera de nuestro magnetismo, el sufrimiento se instala en nuestra vida al destinar nuestra atención en aquello que no tenemos y que no podemos conseguir.

La cuarta verdad es Magga: el Noble Camino Óctuple. El camino que conduce hacia el nirvana viviendo con corrección las ocho ramas del sendero óctuple:

  1. Comprensión correcta
  2. Pensamiento correcto
  3. Palabra correcta
  4. Acción correcta
  5. Ocupación correcta
  6. Esfuerzo correcto
  7. Atención correcta
  8. Concentración correcta

Según el budismo, estas 4 nobles verdades deben ser asimiladas del siguiente modo:

  1. La verdad del sufrimiento debe ser entendida.
  2. La verdad de la causa del sufrimiento (el deseo) debe ser abandonada.
  3. La verdad de la cesación del sufrimiento debe ser realizada.
  4. La verdad del sendero debe ser desarrollada.

Para mí no hay una palabra con más poder para asimilar estas 4 nobles verdades que la de Aceptación. Aceptación de que:

  1. El dolor siempre será un compañero en el viaje.
  2. Es imposible poseer experiencias, personas y objetos. Es necesario conectar con nuestro propósito de vida para superar la atracción del deseo.
  3. Tan sólo podemos vivir en paz estando en coherencia con aquello que está conectado con nuestro modo de vida
  4. Nuestro propósito se revela siguiendo el sendero que nos guía mediante la comprensión, el pensamiento, la palabra, la acción, la ocupación, el esfuerzo, la atención y la concentración correctas.

Vivir con conexión

“Entregarse con receptividad a lo que aparece, estar en disposición de integrar lo que se nos ha dado. Por dolorosa, injusta o extrema que aparezca la experiencia, desplegar una conexión incondicional con ella y dejar que nos inunde de un saber renovado.”

Si a algo nos empuja la experiencia del sufrimiento es a la clausura, la rigidez y el estancamiento. Sufrir despierta en nosotres el impulso de desconectarnos de la vida, luchando contra las circunstancias presentes en un intento por tener o recuperar algo ansiado: una persona, una situación, una expectativa, un objeto, un número, un resultado, una posesión, un valor. Siempre que te halles en el camino de la negación el sufrimiento tomará el control de las riendas de tu vida.

¿Qué puedes hacer para liberarte de él? Vivir con conexión a lo que hay, entregarse con receptividad a lo que aparece, estar en disposición de integrar lo que se nos ha dado. Por dolorosa, injusta o extrema que aparezca la experiencia, desplegar una conexión incondicional con ella y dejar que nos inunde de un saber renovado. Toda experiencia de dolor comporta un potente aprendizaje. La cuestión es qué debes aprender en cada situación. Una vez que lo descubres se diluye la intensidad de la experiencia y se pone en funcionamiento la capacidad de sanación interior que guardamos en nuestro cuerpo.

Nada hay más terrible que una persona que pierde su conexión con la vida a causa de su sufrimiento. La pérdida de conexión nos condena al egoísmo, el aislamiento y la perpetuación del sufrimiento. Nada hay más gratificante que una actitud de apertura radical a la vida, con confianza ciega en que todo lo que nos entrega será equilibrado, por más imposible que parezca.

Estar en el momento

“El presente es todo lo que es. Y todo lo que es, es todo.”

La mente humana tiene una terrible debilidad frente a la distracción. A medida que sumamos tiempo de vida en nuestras células se intensifica la inercia hacia la dispersión en pensamientos, sentimientos y situaciones superfluas. Sólo durante nuestra infancia conservamos el don de vivir cada momento con plenitud, sin expectativa, exigencia o imposición. La mente infantil es poderosa porque está en el momento. No entiende qué es el pasado y tiene una gran predilección por huír del futuro. Sólo existe lo que hay ahora. Y se entrega al momento como único modo de vida.

¿Alguna vez te ha sucedido que tenías un plan en mente y de pronto un plan inesperado irrumpe en el momento? ¿Cómo has reaccionado? ¿Te has conectado a él o directamente lo has desechado por no tenerlo contemplado? ¿Sólo te involucras en lo que tienes por costumbre hacer o reservas un espacio para la improvisación, la espontaneidad y la imprevisión? Hay personas que tienden a perder su naturalidad, previniendo riesgos y buscando el control de las situaciones, relegando su vida a una estricta planificación. Este modo de vida resta brillo y vivacidad.

En otras ocasiones no miramos la persona que tenemos delante, sino nuestros pensamientos acerca de las intenciones que puede tener la persona, si supone un riesgo para nuestra integridad y qué beneficio podemos obtener de ella. Con el tiempo la inercia nos lleva a la pérdida de interés en conocer gente nueva, en establecer amistades nuevas, en definitiva, vamos perdiendo el placer por abrirnos a quienes la vida sitúa en nuestro mismo camino.

Estar en el momento es depositar la atención en todo aquello que está sucediendo ahora, suprimiendo la tendencia a elaborar prejuicios y etiquetar personas o situaciones. Entregarse a la observación de la autenticidad que tenemos delante y al gozo que hay en ella. Por más dura que sea la etapa que estás viviendo, la vida suele tener algunos instantes generosos que pueden pasar desapercibidos cuando te sumes en la distracción que genera el sufrimiento, el estrés, la preocupación. Podemos sentir esa alegría genuina cuando practicando la gratitud hacia todo lo que la vida nos ofrece en el momento. Abriendo la puerta a personas y circunstancias que irrumpen sin previo aviso. Olvidándote de la hora que marca el reloj, la rutina que sueles cumplir a rajatabla o lo que tú esperabas hacer en ese momento. Regodearnos en el gozo de estar en la vida rindiendo homenaje a ese instante donde tomamos conciencia de que hay vida en nosotres.

Sé que puede sonar a cliché, pero es poderosamente útil vivir en el presente. El presente es todo lo que es. Y todo lo que es, es todo.