La infidelidad es el enemigo de toda relación. Al menos en apariencia. Para la mayoría de personas que conozco la infidelidad es un foco de sufrimiento muy puntiagudo. Detonador de rupturas y de funestos naufragios. Me atrevería a afirmar que el sentimiento predominante que genera esta experiencia dista mucho de ser concebido dentro de una etiqueta positiva. Pero yo tengo por costumbre el entrever la parte de alianza en toda experiencia humana de dolor. Así que en este post me propongo darte algunas claves para entender la infidelidad como una gran socia en tu relación. ¿Me acompañas?

El capitalismo de la felicidad

“A mayor intensidad y frecuencia de emociones, mayor felicidad. Lo que equivale a que una menor intensidad y frecuencia de emociones, menor felicidad.”

Hace unos pocos posts hablaba del capitalismo de la felicidad, un concepto inventado por mi mentor Miguel Ángel Manzano y en el que ahondé largo y tendido. Para resumir la idea (en caso de que no quieras distraerte demasiado…) lo dejaremos en que hay un tipo de felicidad que la cultura del consumo (tan arraigada en occidente) ha entendido como un sumatorio de subidones emocionales. A mayor intensidad y frecuencia de emociones, mayor felicidad. Lo que equivale a que una menor intensidad y frecuencia de emociones, menor felicidad.

No sé si estarás de acuerdo o no con este concepto. Lo que sí sé es que esta idea está muy presente en cómo las personas construyen relaciones sentimentales en nuestra época. Podría parecer que se trata de un fenómeno muy adolescente, pero precisamente es en la edad adulta donde creo que produce mayores estragos. Al menos los adolescentes no tienen demasiados recursos económicos para propagar por doquier sus anhelos y pulsiones. Quizá sea ésta la causa por la que muchas relaciones adultas fracasan. La austeridad emocional a la que condena una relación larga o una relación con hij@s, tarde o temprano acaba haciendo mella en la “cuenta bancaria emocional” de la pareja”. La infidelidad emerge aquí como una aparente solución de la carencia.

Y aunque la infidelidad surge como “solución”, acaba convirtiéndose en parte del problema. A la falta de pasión se le suma la falta de confianza. El infiel escala en una espiral paranoica, agudizando su ingenio para borrar pruebas delictivas, afinando su técnica de despiste e incluso creyéndose sus propias mentiras. La pareja “traicionada” acaba siendo prácticamente “forzada” a desconfiar. El ambiente rancio que instala una infidelidad en toda alcoba se convierte en un cadáver en el armario. Y la traición acaba apestando tanto que acaba delatándose por sí sola, instalando el virus de la mentira en el adn del “amor”.

Cuestión de valores

“Porque comprometerse significa privarse de otras opciones. Otras opciones que también proporcionan un subidón emocional.”

Me encantó leer a Mark Manson en “El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda). Mark explica que la raíz de la infidelidad se halla en “la paradoja de la elección”. Como él explica, la cosa funciona así:

“Cuantas más opciones nos den, menos satisfechos nos sentiremos con lo que escojamos, porque somos conscientes de todas las otras alternativas de las que estamos privándonos totalmente. (…) Evitarás escoger del todo, buscarás mantener tus opciones abiertas lo más posible. Evitarás el compromiso.”

¡Pam! Ahí lo tienes. A las personas que cometen infidelidades les asusta el compromiso. Porque comprometerse significa privarse de otras opciones. Otras opciones que también proporcionan un subidón emocional. Nunca sabes si mayor o menor que el que te proporciona la opción por la que te has decantado. Así que la infidelidad es la solución para resolver una ecuación imperfecta: quedarte con una sóla flor, saboreando el néctar de todas ellas.

Una persona infiel llega a racionalizar su conducta hasta convertirla en valor, en una ideología, en todo un estilo de vida. Esto proporciona una absolución moral del delito romántico. Si es que realmente lo podemos considerar como tal. Una persona infiel llega a normalizar la infidelidad como una condición indispensable para mantener su compromiso. Un mal necesario. Así como el contrabandista justifica sus transacciones, el infiel argumenta sus incursiones clandestinas. Y lo que provoca culpa o arrepentimiento no suele ser el haber mantenido sexo fuera de la relación, sino el que le hayan pillado. Porque la idea era mantener esa doble vida en las sombras, perfeccionando el arte de vivir entre dos mundos sin que nadie pudiera reparar en esa dualidad.

Libre, a pesar de todo

“Uno es libre a pesar de todo. Incluso para ser infiel y provocar unos sentimientos demoledores en el otro.”

Así que si tu pareja te ha sido infiel, lo más probable es que muestre un arrepentimiento profundo. Te dará un discurso solemne elaborado con palabras como “no volverá a suceder, estaba borracho, no sabía lo que hacía, pasaba un mal momento…” ¿Te suena? Un speech elocuente, conmovedor… Tanto que hasta pudiera invertir los roles y otorgarse el papel de víctima.

Pero no hay por qué ofenderse. Es un rol, una manera de interpretar lo ocurrido. Tan válida como otra cualquiera. Nadie está obligado a la monogamia. Al menos no allá en esa dimensión última donde se halla la voluntad humana: la libertad. Cada cual es libre de definir la narrativa de su vida y escribir el hilo argumental que va tomando sus andanzas por este planeta.

Así que uno es libre a pesar de todo. Incluso para ser infiel y provocar unos sentimientos demoledores en el otro. Y el otro es libre también de perdonar y seguir adelante, guardándose la dignidad en los bolsillos. O derrochando fe en la naturaleza humana. O bien para poner pies en polvorosa y mudarse de planeta o galaxia.

Doble o nada

“Una infidelidad ofrece el momento oportuno de reflexión para que cada parte de la pareja reflexione sobre sus valores, sus prioridades, su proceso de maduración y el estilo de vida que desea.”

Pero si te encuentras en esta tesitura (te acompaño en el sentimiento) y te planteas perdonar, al menos reflexiona en estas dos condiciones que Mark Manson considera sine quanon para que una relación funcione después de una infidelidad:

  • Que tu pareja no minimice lo sucedido y admita que la infidelidad es la raíz de un problema más profundo: tener una filosofía y un estilo de vida de mierda (perdón por el vocablo, se me ocurría utilizar el mismo recurso soez que ha hecho convertir al autor en un bestseller). Es decir, que reconozca que es una abeja incapaz de renunciar a tanta flor en un campo de primavera. Que asuma que el placer lo fue todo en su momento. Por encima de tí, por encima de lo vuestro.
  • Que la reconciliación esté condicionada a un futuro largo historial de confianza que sirva como aval. No regales perdón o confianza sin ninguna garantía. Cada cual debe asumir su cuota hipotecaria: tú de dolor, el otro u otra de honestidad y culpa.

Así que si te la vas a jugar, que sea a doble o nada. A veces una infidelidad puede ser la oportunidad para darse cuenta lo que no estaba funcionando bien en la relación. Una crisis ocasionada por una infidelidad ofrece el momento oportuno de reflexión para que cada parte de la pareja reflexione sobre sus valores, sus prioridades, su proceso de maduración y el estilo de vida que desea. Una ocasión para darse cuenta de la desconexión oculta que se había producido: entre ambos y también con un@ mism@. Y de esta forma se puede empezar de nuevo, forjando la relación en unos pilares más sólidos y sostenibles.

Sigue adelante haciendo el doble esfuerzo de perdonar y volver a enamorarte de alguien que traicionó tu confianza; o bien mándalo todo a la mierda y continua con el siguiente apartado.

Defenestrar

“En una vida de paso como la nuestra, encariñarse con lo obsoleto es desperdiciar un tiempo de vida irrepetible.”

Defenestrar significa, en su primera acepción, arrojar a alguien por una ventana. Si has optado por esta opción, es también una oportunidad ventajosa. Como he explicado antes, la infidelidad no es un problema, sino un síntoma de un problema más profundo: valores, identidad, preferencias personales… La infidelidad te ayuda a identificar aspectos oscuros de tu pareja que habían pasado inadvertidos entre la locura hormonal del enamoramiento y el estrés y enajenación que provoca una vida colapsada de responsabilidades y rutinas.

Frecuentemente el enamoramiento nos lleva a idealizar a nuestra pareja y nos lleva a ignorar señales de alarma en pos de una estabilidad idílica. En otras ocasiones, es posible que el rumbo que toma nuestra vida se desvíe hacia destinos muy divergentes y que no nos hayamos parado a reflexionar al respecto. Las personas estamos en evolución constante, nos percatemos o no de ello. Pero nuestra naturaleza es cambio. Y a veces tendemos a afrontar el cambio mediante soluciones rápidas, aparentemente menos dolorosas o exigentes. La infidelidad puede ser un recurso para no afrontar la realidad de que la relación hace tiempo que llegó a su fin. Una forma de rehacer la vida sin asumir riesgos. Así que descubrir una infidelidad puede ser el detonante que empuje a crear una nueva vida, basada en un nuevo sistema de valores, más coherente, íntegro y alineado con tu nueva realidad personal.

Defenestrar significa cortar por lo sano, acabar definitivamente la relación y centrar las energías en tomar un nuevo rumbo. Un rumbo que deparará nuevos retos, pero también nuevos alicientes, alegrías y descubrimientos. Así que, en cualquier caso, una infidelidad es una oportunidad. Ese empujoncito que falta para rediseñar tu vida y dotarla de un nuevo escenario, con un decorado fresco y rejuvenecedor. Yo me decanto por las decoraciones minimalistas: deshacerse de todo y quedarse con lo esencial, que todo lo que te rodee sea funcional y a la vez bonito.

Sé que es una decisión que toma su tiempo asumir. A veces nos llegamos a encariñar exageradamente con los “muebles viejos”, pensando en la historia que hemos vivido con ellos, pero sin darnos cuenta de cómo están empobreciendo nuestro hogar. En una vida de paso como la nuestra, encariñarse con lo obsoleto es desperdiciar un tiempo de vida irrepetible. Por eso uno de mis lemas favoritos es “incomodidad como estilo de vida”. Porque la incomodidad es ese medio de transporte que te conduce hacia la regeneración.

En conclusión, la infidelidad puede ser un modo de resurgir de las cenizas con la fuerza que te otorga haber sumado sabiduría.