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Quizá lo más importante de una mentira no sea tanto el “¿por qué?” como el “¿para qué?”. Todas las personas que mienten comparten la misma procedencia: la incapacidad de asumir “la verdad”. Porque alguien que miente es alguien que no se siente agusto en la realidad y por eso necesita escaparse de ella. La mentira es el mejor medio de transporte para quien quiere huir desesperadamente. La única esperanza para quienes carecen de ella. Pero, ¿cuál es el destino de una mentira? ¿Dónde quiere llegar alguien que miente? ¿Qué anhela? Y lo más peliagudo de todo: ¿con qué fin pretende conseguirlo?

NUESTRO PUNTO DÉBIL

“La esperanza, no obstante sus engaños, nos sirve al menos para llevarnos al fin de la existencia por un camino agradable.”

François de La Rochefoucauld

Para que exista una mentira no sólo es necesario que haya alguien que mienta, sino también alguien dispuesto a creerla. Así que mentir es un juego de responsabilidades compartidas: la de quien inventa una realidad paralela y la de quien necesita que exista. Dicho así, parece una perspectiva algo injusta para aquella persona engañada. La persona que recibe la mentira se siente víctima de ella. ¿Cómo podríamos atribuirle siquiera un gramo de responsabilidad?

La respuesta es sencilla: los seres humanos necesitamos vivir en un mundo controlable, predecible y, por tanto, seguro. Así que tenemos una predisposición genética a confiar en todo mensaje que nos transmita esperanza sobre ello, convirtiendo al portavoz en alguien digno de nuestra atención, respeto y -en lo casos más extremos- admiración. 

Dicho esto, quede por delante que la responsabilidad que podamos atribuirle a la víctima de una mentira está bastante atenuada por esta debilidad congénita del ser humano. Pero evidentemente, sin su participación no sería posible la existencia de una mentira. Y es aquí donde entra en juego la necesidad de desarrollo de un potencial humano de incalculable valor: la capacidad crítica. Cuestionarlo todo y a todes. Incluso a une misme. Porque poner toda experiencia en tela de juicio es el único modo de llegar al fondo de un asunto y extraer una opinión propia.

Mi suegro, que es una persona de conocimientos y saber, suele parafrasear unos versos de  Antonio Machado que me parecen sublimes:

«¿Tu verdad? 

No, la Verdad,

y ven conmigo a buscarla.

La tuya guárdatela.»

-Antonio Machado-

PERSONAS QUE MIENTEN

“Las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña.”

Adolf Hitler

Como decía, las personas que mienten guardan la misma procedencia, pero divergen en su destino. Y este es el punto clave donde deberíamos depositar nuestro análisis: ¿para qué alguien miente? En función de la respuesta a esta incógnita me atrevería a hacer una “clasificación” de las distintas personas que mienten. Toda clasificación es de por sí odiosa, lo sé. Pero sirva sólo a modo de simplificar el abordaje de este tema para personas que disponen de poco tiempo y carecen de (y no desean poseer) conocimientos hondos de psicología. Vamos a ello…

Mentirosas ocasionales

Creo que aquí podríamos englobar a toda la raza humana. ¿Qué persona no ha mentido alguna vez, aunque haya sido de forma puntual o esporádica? Para salvar el pellejo, para conseguir algo de sus padres, para impresionar a un amor platónico, para librarse de hacer los deberes, para escapar de reclutadores de ONGs en la calle…

Podríamos meter aquí a personas que echan embustes de poco recorrido, sin afición ni vocación. Y por tanto, no llegan muy lejos. Yo le daría un matiz benévolo a la persona que miente ocasionalmente, porque -generalmente- su intención suele no tener por qué ser malintencionada.

Poco más que decir al respecto.

Mentirosas Compulsivas

Aquí entramos ya en el terreno de las psicopatologías o trastornos psicológicos. A las personas que mienten compulsivamente se las engloba dentro de la mentira patológica, también conocida como “mitomanía” o “pseudología fantástica”. Se trata de personas que mienten sin aparente necesidad de ello. Pero lo hacen para conseguir atención, impresionar, o causar admiración. Y aunque tienen conciencia de ello, jurarán y perjurarán que que todo lo que hacen y dicen es verdad, llegando a ponerse incluso agresivas si se sienten cuestionadas al respecto.

Suelen ser personas que de base tienen graves problemas de autoestima e inseguridad. Puede que hayan tenido una infancia marcada por traumas, miedos, rechazo, abandonos, decepciones, acoso o malos tratos. Aprenden de forma temprana que carecen de valía y de medios para ser aceptadas por los demás, así que utilizan recursos fraudulentos para obtener aprobación social. Llegan tan lejos con la mentira que hasta acaban creyéndose sus propias mentiras.

Hay un trastorno de personalidad en el que suele ser muy común el uso de la mentira compulsiva. Se trata del trastorno histriónico de la personalidad. Las personas que presentan este problema tienen una tendencia exagerada a llamar la atención, se muestran especialmente emocionales, muy sobreactuadas, incluso pueden utilizar la seducción o el atractivo físico para imantar su personalidad y atraer interés y afecto. Aunque al mismo tiempo suelen ser personas con una implicación personal muy superficial, que cambian rápidamente de aires y tienen relaciones personales sin raíces profundas. Su único interés es impresionar a su audiencia y ser el centro de atención. Una vez que han conseguido esto…a otra cosa, mariposa y si te he visto no me acuerdo. Pueden incluso llegar a inventar mentiras desesperadas para ganar compasión o evitar que alguien se aleje de ellas, como por ejemplo hacer creer que padecen cáncer. Pueden dilatar la mentira unos cuantos meses, llegando a desaparecer un tiempo o a simular auténticas “escenas terminales” y de pronto un día aparecen curadas milagrosamente como por arte de magia. Hay también quien inventa mentiras divertidas, como por ejemplo que han sido invitadas a “Los Goya”, enviando fotos por whatsapp que ha sacado de Google para documentar su hazaña.

Cuidado con estas personas porque pueden llegar a meterte en unos auténticos embolaos. Y si osas desmontar sus mentiras, contradiciéndolas o demostrando las incoherencias que cometen, pueden descargar en ti una furia inusitada en ellas. Así que lo mejor es cambiar tu concepción y estima hacia ellas, para después ir distanciándote cuidadosamente. Al ver que pierden tu atención sin sentirse cuestionadas acabarán ignorándote, puesto que ya no les sale rentable el business.

Manipuladoras

En esta categoría nos adentramos en arenas movedizas. Las personas manipuladoras utilizan la mentira para envolverte de una realidad virtual que simula un mundo paralelo diseñado para conducirte a un resultado: sacar provecho de ti. No podemos subestimar el poder de seducción, persuasión y maquinación que tienen este tipo de personas, ya que consiguen convencerte de que son seres no sólo normales, sino extraordinarios, de absoluta confianza. Parecerán encantadoras, super simpáticas, extremadamente amables y altruistas, carismáticas, adorables, compasivas, bonachonas, divertidas, ocurrentes, interesantes, cultas, capacitadas y tan bondadosas… que te parecerán no sólo inofensivas, sino absolutamente desinteresadas.

Las personas manipuladoras utilizan todo lo que tienen a su alcance para infundir en los demás una especie de halo mesiánico: son como dios en la Tierra, el mesías que viene a salvarte de la perdición y el sufrimiento. Te harán creer que te entienden perfectamente, que cuidarán de ti mejor que nadie y que tienen el remedio a todos tus males. Sus artes oscuras tienen el poder de forjar auténticas “religiones” en torno a su imagen, ya sea a pequeña o a gran escala. Para algunos grupos de personas son auténticas deidades.

Tienen el don de inyectar esperanza, confianza y seguridad al resto de personas. Y lo hacen de tal manera que lo convierten en una droga. De modo que sus followers necesitan tanto o más la mentira que ellas mismas. Es tan envolvente, alucinante y embriagadora la fantasía que recrean que el temor a que se desmorone ese castillo de naipes hace que sus súbditos les perdonen todo tipo de embustes, pequeños fallos, cagaditas, sobornos, chantajes, favores costosos, desplantes, frivolidades, desatenciones… inclusive grandes agravios. Todo por el líder.

Estamos hablando de personas que te hacen sentir sutil y progresivamente que ellas lo son todo y que tú eres poco más que una m*erda. Su juego empieza así: en el primer tiempo empiezan a adorarte, adularte y ensalzarte; en el segundo tus defensas están tan borrachos de aprobación que te meten goles por todos lados. Y encima te hacen creer que estás ganando el partido.

En esta categoría de personas las hay tanto las que operan en el anonimato: maltratadores, estafadores de poca monta y todo lo que popularmente se ha englobado dentro de la manida etiqueta de “personas tóxicas”; hasta grandes líderes ideológicos: políticos, religiosos, líderes espirituales, gurús de la autoayuda, popes de los negocios, etc.

Maleantes y malhechoras

Hay también personas que hacen de la mentira su profesión. Estamos hablando de auténticas maestras del engaño y que viven literalmente en dirección opuesta a la verdad. La mentira es su mundo, su razón de ser, su guarida, su transporte y su zona de confort. Estas personas participan constantemente en robos, estafas y otro tipo de delitos en los que mentir es el instrumento para sacarte la pasta. Por tanto, estamos hablando de gente que pertenece al mundo de la delincuencia.

Muchas de estas personas son susceptibles de ser diagnosticadas de trastorno antisocial de la personalidad, lo que viene a ser la pauta identitaria básica de la delincuencia común: violación persistente de la legalidad y las normas sociales, mentiras constantes (que parecen infinitas), comportamientos impulsivos, agresivos y violentos en bucle y, por supuesto, una ausencia escalofriante de culpa.

A estas personas no se tarda mucho tiempo en desenmascararlas porque la mentira es su modus vivendi y no se esmeran mucho en disimularlo. Y puesto que su actividad normal gira en torno al eje delictivo, suelen acabar “intimando” bastante con el mundo de la Justicia. Es decir, terminarán en prisión en algún momento.

Seguramente me dejo alguna categoría susceptible de ser incluída en esta taxonomía-casera-de-estar-por-casa que he hecho… (si se te ocurre alguna más déjamelo en comentarios). Pero debería bastarte para desenmascarar a unas cuantas personas que se dedican al oficio de mentir.

CÓMO DESCUBRIR QUE ALGUIEN TE ESTÁ MINTIENDO

“No que me hayas mentido, que ya no pueda creerte, eso me aterra.”

Friedrich Nietzsche

Y aquí viene lo más interesante del post, tal y como yo lo veo. Con la información de antes podrás catalogar a una mayoría de personas que mienten. Con la información de ahora podrás saber si te están mintiendo.

Comprueba

Exacto. Verifica todo lo que alguien te diga y que no te cuadre del todo. Seguramente eres una persona bondadosa y no te gusta pensar mal de nadie. Pero mejor pasarse que quedarse corto, ¿no?

Es posible que puedas sentir que “traicionas” a esa persona si te atreves a poner en duda sus palabras y precisamente ese sentimiento de “lealtad” es el principal recurso que las personas que mienten utilizan para protegerse de sus mentiras. Te inyectan la culpa como un virus que les da inmunidad. Así que lo primero de todo es recuperar tu espíritu crítico y comprobar las afirmaciones, promesas, excusas y coartadas que alguien que probablemente miente te ha dado.

Confronta

Las personas que mienten suelen hacerlo tanto que inevitablemente algún día cometerán un descuido. En algún momento te darán datos contradictorios o se olvidarán de lo que han dicho en el pasado. Aparecerán testigos que atestiguarán una versión distinta. Puede que la verdad acabe apareciendo por sí sola y quede al descubierto.

Aprovecha la ocasión para recopilar suficientes evidencias y reafirmarte en ellas. Luego, cuando menos se lo espere y esté completamente desprevenida, arrójale toda esa información a bocajarro. Escrutina cada detalle de su reacción. Pero no de su reacción verbal, sino de la emocional. Ahí está la clave. Cuando se den cuenta que las has desenmascarado se pondrán nerviosas y no sabrán cómo salir de ahí. Las personas más manipuladoras improvisarán con una coartada espontánea bien montada. Llega hasta el final del asunto sin ceder un margen de confianza o les cederás espacio y tiempo para apuntalar aún más su engaño.

Desobedece

Haz todo lo contrario a los pactos/compromisos a los que hayas llegado con alguien en quien empiezas a desconfiar. Queda con otras personas, deja de hacerle cualquier aportación económica, desarrolla otros hábitos, prueba otras ideologías o realiza cualquier acto que pueda resultar una “desobediencia”.

Las personas que mienten se enfurecen enormemente cuando alguien incumple los mandamientos de su mentira e inmediatamente pasarán al contrataque haciéndote sentir culpable. Las personas “normales” se muestran comprensivas, abiertas y flexibles. Nunca lo tomarán como una ofensa, ya que entienden que tú eres una persona libre y te aceptan y te quieren como tal.

Confía en tu intuición

Todas las personas estamos dotadas de un sistema de alarma que nos permite desenmascarar a una persona mentirosa. Estoy hablando de nuestras neuronas subcorticales, más conocidas como inconsciente. El inconsciente es esa parte de nuestro cerebro de la que dependen funciones excitantes como nuestras reacciones emocionales más primitivas, hasta funciones tan vanales como hacer nuestras necesidades.

Cuando emitimos una conducta incoherente, falaz o malintencionada hay una serie de músculos y reacciones fisiológicas que se activan y que son poco más que invisibles para la parte más consciente del cerebro, la qual se guía por la lógica y las palabras. Por eso alguien puede desarrollar una gran destreza en el arte de la mentira. Sin embargo, es imposible engañar a nuestro cerebro inconsciente, el cual capta esas señales y reacciona ante ellas poniéndose en guardia. ¿Si eso es así por qué consiguen engañarnos? Pues porque crecemos aprendiendo a ignorar nuestro inconsciente en detrimento de un “supuesto consciente más confiable”. Así es como nos educan según Malcolm Gladwell, autor del libro “Inteligencia Intuitiva: ¿Por qué sabemos la verdad en dos segundos?” (échale un vistazo en Amazon pulsando aquí). En su libro, Malcolm Gladwell expone diversos ejemplos y algunos estudios científicos que han mostrado el poder de predicción que tiene nuestro inconsciente; y nos invita a confiar más en él a la hora de tomar decisiones de riesgo.

Y eso es exactamente lo que te propongo cuando te encuentres delante de una persona de la que, por algún motivo, sospechas que miente. Confía en tu intuición. Si esa alarma se ha activado seguramente es porque tu inconsciente ha descubierto algo sospechoso en tu interlocutor. Rastrea todas las señales, haz las comprobaciones pertinentes y llega hasta el final de la cuestión. Seguramente te sorprenderá que tú puedes equivocarte, pero el sexto sentido de tu intuición no.

Photo by Mar Cerdeira on Unsplash

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