¿Te has parado a pensarlo? ¿Qué tiene una persona que tiene éxito que no tiene el resto? ¿Qué hace que a una persona le salga bien todo lo que se propone? ¿Por qué hay gente que parece tener siempre suerte y otra que parece estar gafada? Yo me hice esta pregunta después de fracasar en mi primer intento de estudiar una oposición y pasé 5 años intentando buscar respuesta a todas estas preguntas. Esto me condujo a una odisea personal que me hizo pasar de ser una persona sin fuerza de voluntad a ser la persona que más nota sacó en las oposiciones de psicólog@s para el Departament de Justícia de la Generalitat de Catalunya en el año 2017. ¿Mérito? ¿Suerte? No… Simplemente encontré la metodología adecuada. Y en este post te cuento los principios más importantes que rigen el éxito.

Propósito

“El propósito de la vida es una vida de propósito.”

 -El monje que vendió su Ferrari» (1999), Robin Sharma-

Las personas que tienen éxito se caracterizan por tener un propósito de vida férreo, escrupulosamente definido y con una naturaleza inquebrantable. Una persona de éxito no pierde el tiempo en saber hacia qué dirección debe de ir, si tiene que tomar este camino u otro. Una persona de éxito tiene una confianza ciega en su intuición, fruto de un trabajo de descubrimiento personal constante, y conoce justo en el mismo momento la llamada que la vida le guía hacia un cierto destino. Entiende los códigos con los que se comunica la oportunidad, conoce a la perfección su propia naturaleza y percibe de inmediato ese sendero que le conduce a la realización personal.

La mayoría de personas que fracasan en sus propósitos se distraen fácilmente por malgastar su atención y su energía en planes y metas improductivas o destructivas: amig@s, parejas, trabajos, ocio, etc. Guían su vida por el principio del placer y desgastan su fuerza de voluntad en un estilo de vida que oxida su autodisciplina y capacidad de superación personal.

Una persona que cumple sus sueños ha aprendido a no distraerse con los placeres mundanos de la vida y dedica la mayor parte de su energía en orientar su vida hacia la mejora continua. Sabe lo que debe hacer en el momento en el que lo debe hacer, aunque en ese instante desconozca el “cómo”. Porque ese “cómo” nunca se obtiene de antemano. Es parte del viaje y resultado de un proceso de descubrimiento y transformación personal.

Desde las navidades de 2014 hasta octubre de 2017, mi vida personal estuvo en un 90% dedicada a estudiar la oposición. El 10% del tiempo restante era lo que me quedaba para disfrutar de esos pequeños placeres mundanos de la vida. Que en mi caso acabaron por ser no pequeños placeres… sino micro placeres.

Deseo

“Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.”

-Aristóteles-

La persona que tiene éxito ha dejado de engañarse con pensamientos de autoindulgencia o falsa humildad. Hay personas que piensan que ambicionar pocas metas en la vida equivale a ser un ser moralmente superior, aunque económicamente menos relevante. Pero la persona que triunfa en su propósito sabe que ningún proyecto de gran alcance puede completarse exitosamente sin una gran ambición. Muchas personas fracasan porque tienen una escasez de deseo. Y sin ambición no hay motor que resista un largo camino.

Desear intensamente algo, sin generar apego, dependencia o desesperación, es un imán que te arrastra hacia tu objetivo por puro magnetismo. Convencerte de que ambionar pocas cosas en la vida te proporciona superioridad moral es abocarte a una vida sin grandes logros. Y es posible que esto te pueda contentar. Pero el éxito sólo le sucede a aquellas personas que se atreven a volar alto.

Cuando me propuse estudiar mis primeras oposiciones realmente lo viví como un mazazo para mi vida personal. No era consciente de la libertad personal y financiera que la oposición podría ofrecerme, así que realmente no lo deseaba. Me sentaba unos dos o tres días por semana delante de unos apuntes que detestaba, renegando constantemente de ese proyecto, hasta que al final opté por abandonar y dedicar mi tiempo a divertirme y ser joven. La crisis financiera mundial que vivimos en aquellos años me volvió a conectar con la verdad de la vida que después me hizo libre: desear no sólo es gratis, sino que además te hace tener una mejor economía.

Confianza en un@ mism@

“No podemos obtener la paz exterior hasta que no hacemos la paz con nosotros mismos.”

-Dalai Lama-

Alguien que está acostumbrado a que las cosas le salgan bien ha aprendido a confiar en que la decisión que toma no es azarosa o errónea, sino que surge de un propósito de vida profundo. Y que a pesar de que en el presente carece de las herramientas y los medios para cumplir su deseo, a medida que vaya recorriendo el camino irá afianzando sus pasos. Acepta la incertidumbre como una regla ineludible del juego y juega sus cartas sabiendo que el tiempo no espera a quien se entretiene en la duda.

Todo ser humano es idéntico a otro en su naturaleza más primitiva: la capacidad de superación, de resiliencia, de autoconocimiento hizo al Homo sapiens el homínido más débil físicamente, pero cerebralmente más adaptado a nuestro planeta. Está en nuestro ADN el código de la autosuperación y la mejora continua. Hemos sobrevivido a los desafíos más extremos de la historia de este mundo. Ese potencial está a la disposición de cualquiera que lo reclame. Y alguien que alcanza el éxito lo sabe y no se detiene porque un puñado de pensamientos lo pongan en cuestionamiento.

El primer examen de mi oposición contenía 165 preguntas tipo test de 4 alternativas de respuesta para las cuales sólo contabas con 3 horas para poder responderlas. La primera hora del examen contesté con muchísimas dudas la mayor parte del examen, aún influenciado por el miedo. En la segunda hora me reafirmé en mi respiración e hice uso de mi instinto. Corregí al menos 30 preguntas donde vi claramente que me había equivocado y me atreví a contestar más preguntas hasta dejar sólo 10 preguntas en blanco. Cuando salí por la puerta sentí que había sacado una nota elevada. Pero nunca imaginé que sería la más alta. Y no se debió a que tuviese el mayor dominio del temario. Algunas personas que realizaron ese examen estaban mejor preparadas en el contenido teórico. Lo único que marcó la diferencia es que mi mano marcó más casillas correctas por puro atrevimiento. Ni siquiera por un minuto me permití sentir en esos casi 3 años de estudio brutal un sólo pensamiento de fracaso. Para mí la duda no era si aprobaría. Para mí la duda consistía en cuándo.

Planificación

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

-Nelson Mandela-

Alguien que ha saboreado una victoria conoce con exactitud que nada puede dejarse a la improvisación. La improvisación suele estar dominada por el Ego. Y el Ego es ese núcleo de neuronas que te condenan a evitar el dolor, huir de la incomodidad y perseguir el placer superfluo. Si no planificas te distraerás. Allá donde pones tu atención va tu energía. Si no planificas tu atención se va a cualquier lado, excepto al lugar acertado.

La planificación te hace visualizar el camino que has de emprender y saber a cada momento si lo que estás haciendo te acerca o te aleja de tu meta. Así que tiene éxito quien planifica una ruta de mucha distancia, pero que ha sabido dividir sabiamente en pequeñas metas diarias. Su día a día no deja margen para la dilación, la postergación o la holgazanería. Incluso hasta sus ratos muertos están cuidadosamente diseñados. El descanso ocupa una parte muy importante en sus planes, pero constituye una auténtica obra de ingeniería.Todos los mecanismos de su esfuerzo configuran un complejo algoritmo matemático, orquestados hacia un resultado inexorable: el éxito.

Así como en la naturaleza todo tiene una ley y un orden, en la vida cada logro tiene leyes y principios que funcionan del mismo modo. Tiene éxito quien conoce los principios. Y fracasa quien intenta ignorarlos o hackearlos. Quien entiende esto, en última instancia, es quien cosecha resultados de alto impacto. Y quien va en dirección contraria se veré abocado a sufrir el duro aprendizaje de la frustración y el abatimiento. Porque no tiene éxito quien puede, sino quien tiene el propósito, el deseo, la confianza y el plan para hacerlo.

Este lunes 21 de enero me consagro como funcionario público. Y esto me hace pensar en aquella persona que yo era en 2010. Cómo me hubiese gustado que alguien me hubiera explicado esto antes. Por eso, comparto mi experiencia a modo de legado para cualquier persona que se encuentre en el mismo lugar que yo me encontré en su momento. Si tú eres esa persona te digo: lee este post tantas veces como necesites y si necesitas un mentor apúntate en las charlas gratuitas que realizo. Inscríbete aquí abajo:

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Ánimo.

Referencia bibliográfica: este post está inspirado en el libro «Piense y hágase rico», de Napoleón Hill. Desde aquí millones de gracias a mi suegro que me regaló estas páginas que me insuflaron una gran inspiración. Puedes comprar el libro en el siguiente link:

Photo credit: Matheus Ferrero