En este nuevo episodio del podcast voy a resumir algunos de los contenidos más importantes que se han escrito acerca de la resiliencia. La resiliencia es un concepto muy integrado en la mayoría de publicaciones que realizo y, por supuesto, en mi trabajo como psicólogo. Gran parte de lo que voy a exponer aquí formó parte de mi tesina para un máster de psicología clínica que realicé. Dediqué todo un año a indagar, estudiar y sintetizar las publicaciones más relevantes en la literatura científica sobre este tema y condensé este análisis en un trabajo que cambió profundamente los pilares de mi labor como psicólogo. Me ha parecido un momento ideal para desempolvar este trabajo y darle un formato de podcast. Me estoy planteando convertirlo en e-book y ponerlo a disposición de cualquier en Amazon. Si estás interesado en tener el material completo déjame un comentario o mándame un mail. A continuación resumo los contenidos principales que encontrarás en el podcast.


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CONTENIDO:

Un enfoque revolucionario

“Es inconcebible una revolución que no desemboque en la alegría”.
-Julio Cortázar-

El enfoque de la resiliencia supone un punto de vista revolucionario de la psicología y de la salud mental de las personas puesto que supone el cuestionamiento de la corriente conservadora de la psicología que entiende que las personas que han sufrido situaciones traumáticas son sujetos indefensos que acaban desarrollando alteraciones psicológicas, emocionales y conductuales. La resiliencia trata de romper esta concepción negativista y pesimista del ser humano, y constituye un intento de entender las personas como seres activos ante su malestar, con la capacidad de resistir y preservarse de los embates y vicisitudes de la vida.

Esta idea se ha ido consolidando a medida que diferentes estudios, a partir de la segunda mitad del siglo XX, han demostrado cómo muchos niños y niñas que habían sufrido situaciones dramáticas, desde muy pequeños, habían seguido un desarrollo preservado hasta la edad adulta. Debemos agradecer a Werner y Smith su trabajo de investigación, con el que han ayudado a consolidar el interés humano y científico en el concepto de resiliencia, y nos han abierto los ojos hacia una visión optimista sobre la naturaleza mental de las personas.

Bálsamo Protector

“Sólo cuando se es estimado se puede aprender la capacidad de amar y de construir relaciones afectivas basadas en el respeto”.

La resiliencia es una capacidad que funciona como un bálsamo protector a nivel mental y que cualquier persona puede desarrollar. Para que pueda florecer esta capacidad hace falta contar con un ambiente que proporcione una adecuada estimulación, sobre todo en las primeras etapas de la vida.

Hay tres condiciones ambientales que se han identificado como determinantes. En primer lugar, es imprescindible tener unos cuidadores que proporcionen un cuidado y una atención basada en el amor y el afecto. El amor es el único factor que es capaz de crear y mantener vínculos. Significa vivir la experiencia de ser estimado, el hecho de sentirse importante: esto permite descubrir el potencial que se puede llegar a desarrollar.

Cuando una persona recibe afecto de otra también recibe aceptación y respeto. De esta forma es posible construir un sistema de relación constructivo, en el que tanto la integridad física, como la psicológica y la emocional están garantizadas, y las pautas de intercambio están impregnadas de armonía. Sólo cuando se es estimado se puede aprender la capacidad de amar y de construir relaciones afectivas basadas en el respeto.

Principales modelos sobre Resiliencia

“Una situación potencialmente traumática puede acabar reforzando la identidad y la capacidad de superación de una persona.”

La idea del amor como pilar de la resiliencia es una idea aceptada ampliamente. “El modelo de la casita” creado por Stefan Vanistendael compara la resiliencia con la construcción de una casa. Describe que sobre la planta base del afecto se sustentarían otras plantas importantes para la resiliencia, como son disfrutar de una adecuada autoestima, desarrollar habilidades sociales y contar con un buen sentido del humor. Estas estructuras culminarían con la capacidad de abrirse a nuevas experiencias que puedan ayudar a interpretar e interiorizar el malestar.

Una segunda condición para la resiliencia es la adquisición de herramientas que nos permitan dotar de significado a los acontecimientos que vivimos, especialmente cuando son dolorosos. Este modelo fue creado por el neurólogo y psiquiatra austriaco Victor Frankl a raíz de su experiencia trágica como superviviente en tres campos de concentración nazi. Victor propone que la búsqueda de sentido de una situación traumática puede ayudar a integrar el sufrimiento, liberándolo de la carga tensional que supone, dentro del conjunto de vivencias que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida. Este fenómeno estaría conectado con lo que en psicología se denomina “crecimiento postraumático” y tiene que ver con el hecho de que una situación potencialmente traumática puede acabar reforzando la identidad y la capacidad de superación de una persona.

Y la tercera condición en la forja de la resiliencia sería poder contar con personas e instituciones que nos acompañen en el proceso de elaboración de estas experiencias, para sentirnos plenamente aceptados e integrados en nuestro entorno. Ideas que recogen tanto Boris Cyrulnik como Jorge Barudy.

Entornos de resiliencia

“Los errores constituyen desafíos transitorios con los que aprenderán a superarse y resolver problemas.”

La familia

En base a lo expuesto, podemos identificar tres entornos sociales a través de los que propiciar las condiciones ambientales idóneas para el desarrollo de la resiliencia. El primero de ellos es la familia. Es el entorno que da la bienvenida al bebé al llegar al mundo y, por tanto, tiene un importancia crucial en los primeros pasos hacia la adquisición de capacidades de resiliencia. Proporcionar afecto y aceptación incondicional es el núcleo alrededor del cual deben girar otras pautas de interacción también determinantes, como son generar en los hijos e hijas imágenes positivas de sí mismos/as a través de la admiración, demostrar confianza plena en ellos y ellas, facilitar una comunicación accesible y fluida, y establecer límites contenedores y respetuosos que ayuden a crecer de forma responsable.

La escuela

Una vez que los niños van ganando autonomía, entran en contacto con la escuela, un segundo entorno dentro del cual tendrán la oportunidad de poner en práctica los aprendizajes adquiridos en la familia y empezar a generar otros nuevos que les ayudarán a integrarse durante el proceso de socialización. Es por ello que la escuela tiene un papel importante en el apoyo de los procesos de resiliencia que han comenzado a fomentarse desde la familia. Lo que se espera de la escuela, en este sentido, es que continúe en la línea de proporcionar autoestima, autonomía, creatividad y motivación para la autosuperación.

La escuela ha de conseguir que los niños se aventuren a aprender, con la base segura que concede el hecho de contar con una aceptación incondicional y con la perspectiva de que los errores constituyen desafíos transitorios con los que aprenderán a superarse y resolver problemas. Adquiere por tanto una especial relevancia la prevención del el acoso escolar, un fenómeno muy extendido y arraigado en los centros escolares y que pone en riesgo el desarrollo de capacidades de resiliencia en los niños y niñas. La protección y la seguridad de un niño o niña tiene que estar siempre por encima de cualquier objetivo académico.

La comunidad

La comunidad es el último ambiente al que el niño, ya convertido en adolescente, irá acercándose progresivamente a fin de elaborar una identidad completa y acabada. Los adultos que componen la sociedad de un/a adolescente enviarán mensajes de aprobación o desaprobación sobre sus conductas y le irán devolviendo una imagen de cómo es visto/a por el resto de gente que le rodea. Le irán sugiriendo si es una persona reconocida, valorada y que cuenta con aprobación para integrarse en su grupo social. Esto modelará la imagen y la autoestima que ha ido configurando sobre sí mismo y será determinante para terminar de conferirle integridad, seguridad y solidez.

El cerebro afirmativo

“No siempre un niño o niña puede acabar superando las situaciones que limitan su potencial, así que necesitan que un referente esté a su lado para propiciar el retorno a un estado de paz y seguridad.”

Desde el mundo de la educación los autores Daniel J. Siegel y Tina Payne en su libro “El cerebro afirmativo del niño” dedican un apartado concreto a cómo fomentar la resiliencia en niñas y niños. Una de las estrategias principales para fomentar la resiliencia consiste en ayudar a niños y niñas a confrontar las situaciones que les generan frustración. Los autores clasifican en 3 grandes zonas los estados emocionales que pueden experimentar niños y niñas cuando se enfrentan a una situación adversa:

  • Zona verde: es la zona de paz e integridad. En esta zona el estado emocional es armónico y estable. Por tanto, pasa a ser un estado de comodidad. En la zona verde un niño o niña se siente seguro y confiado, a pesar de que la situación en la que se encuentra haya supuesto en el pasado un estado de frustración.
  • Zona roja: esta zona corresponde con un estado emocional de reactividad. En esta zona el niño o niña se siente inseguro, inestable y predominan reacciones emocionales abrumadoras, como el miedo, la ansiedad o la ira. En este estado la frustración es desbordante y puede llevar a realizar conductas inapropiadas, guiadas por impulsos.
  • Zona azul: en este estado predominan las reacciones de bloqueo, parálisis y desconcierto. El niño o niña acaba desbordado por la situación y carece de recursos para tomar una decisión adecuada, por tanto queda inmerso en un estado de inhibición.

La resiliencia según Daniel J. Siegel y Tina Payne consistiría en ir ayudando a que el niño o niña vaya confrontando las situaciones que lo desplazan a la zona roja o azul, llevándole a desarrollar herramientas y aptitudes ingeniosas para superarlas. En la medida en que el niño o niña desarrolla estrategias de superación óptimas, la situación pasa a estar en su zona verde y, por tanto, en próximas ocasiones podrá afrontarla desde un estado de equilibrio.

Otra estrategia para el desarrollo de la resiliencia que aportan estos autores se denomina “empujar y amortiguar”. Con esta estrategia los autores proponen identificar la naturaleza de cada situación desafiante para un niño o niña y adoptar una de las dos acciones descritas. Empujar consistiría en motivar al niño o niña a que se enfrente a toda circunstancia que le incomoda o que sienta que limita su desarrollo. Ese pequeño empujón que podemos darle para que salgan al frente de sus miedos propicia motivación para adentrarse en su zona roja o azul y adaptarse a ella. Por el contrario, cuando la superación atrapa al niño o niña en la zona roja o azul, amortiguar es la estrategia más idónea. La función es la de propiciar consuelo y alivio para prevenir que queden anclados a un estado reactivo. Al amortiguar estamos utilizando nuestro cerebro para que ellos pasen a estar en la zona verde y de este modo les ayudamos a hacer el camino de vuelta en el que parece que han quedado atrapados. No siempre un niño o niña puede acabar superando las situaciones que limitan su potencial, así que necesitan que un referente esté a su lado para propiciar el retorno a un estado de paz y seguridad.

Y esto es todo. Espero que te hayan sido de utilidad estos contenidos. Se agradece la difusión del contenido a toda persona que creas que le pueda ser de ayuda. Recuerda que si te suscribes a la Newsletter podrás recibir en tu correo todas las novedades del blog, sin que te pierdas ninguna. Gracias por dedicar un ratito de tu tiempo. ¡Hasta pronto!