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¿Sabes esa sensación de vértigo que te recorre de estómago a coronilla, que se te enreda en tus entreñas, detrás de tu cuello, tirándote del cuero cabelludo y llenándote la mente de pensamientos apocalípticos acerca del final oscuro en que puede acabar tu vida? Acabo de realizar un exámen de oposición para el que me he estado preparando durante casi tres años. Y aquí va mi reflexión después de 24 horas de vivir el éxtasis y la congoja más absoluta.

La Telaraña de la Ansiedad

Tod@s la sufrimos en algún u otro momento. Tod@s estamos expuestos a la telaraña paranoica en la que puede atraparnos la ansiedad. Ese reducto primario de nuestros antepasados primates que tan útil fue para la superviviencia, pero que se ha convertido en uno de los mayores sufrimientos humanos en la moderna era de los avances tecnológicos y del poder del conocimiento.

“Creemos, psicóticamente, que preocupándonos conseguiremos evitar desgracias inminentes o probabilísticas.”

Tenemos miedo a quedarnos sin trabajo, a ser deshauciados de nuestra casa por impago, a la muerte de un ser querido. Nos acobardamos delante de una oportunidad laboral, de la creación del negocio de nuestros sueños, de dar un salto profesional por miedo al fracaso. Nos mortifica suspender un exámen crucial después del esfuerzo titánico invertido. Nos aterroriza padecer una enfermedad mortal, dolorosa y denigrante que oscurezca nuestras últimas horas de existencia en este planeta. Nos espanta ser asaltad@s en la calle, que violen nuestro domicilio, sufrir un accidente de tráfico que nos deje inválid@s. Sufrimos por una posible pérdida de una persona querida. Vivimos compungid@s por una hipotética infidelidad, traición, abandono, rechazo

No Tenemos Control

Una y mil calamidades que nuestra mente genera para protegernos de desgracias inmundas. ¿Y sabéis por qué? Porque… (esperad, esto lo pondré en mayúsculas…) porque… QUEREMOS TENER EL CONTROL A TODA COSTA.

Sí, queremos tener el control de nuestra vida. Queremos dominar nuestro destino, nuestra salud, nuestra felicidad. Ansiamos hacernos con el poder de mover los hilos del sino, diseñando una ingeniería infalible contra el caos, la pérdida y la muerte. Creemos, psicóticamente, que preocupándonos conseguiremos evitar desgracias inminentes o probabilísticas. Y ahí radica una de las mayores “locuras” de la moderna sociedad del conocimiento.

“Quién entiende este principio planetario está protegido de la neurosis, de la locura.”

NO PODEMOS TENER EL CONTROL DE NUESTRA VIDA. Lo repetiré de nuevo… NO PODEMOS TENER EL CONTROL DE NUESTRA VIDA. Déjame que insista… NO PODEMOS TENER EL CONROL DE NUESTRA. ¿Capichi?

Grábate a fuego esta ley universal y nunca más sufrirás una ansiedad asfixiante. Jamás de los jamases sentirás una soga al cuello, un estado de nervios insufrible, una migraña asesina. Porque quien vive conectado a esta ley universal no conoce un ataque de ansiedad, una crisis de pánico, una depresión, un bloqueo mental, una paranoia, un miedo atroz, una fobia. Quién entiende este principio planetario está protegido de la neurosis, de la locura.

¿Qué puedes hacer entonces?

Abrazar el caos. Aferrarte al descontrol. Sentir comodidad en la incertidumbre. Aliarte con el riesgo. Guiñarle el ojo al fracaso. Rechazar todo intento de gobernar, subyugar o apoderarte del resultado. Aceptar incondicionalmente el vacío en el que quedas suspendido al abandonar todo atisbo de control. Porque hay una serie de mecanismos invisibles en esta vida que tejen las probabilidades del resultado final. Y son inabarcables. Tan sólo podemos ocuparnos de nuestra parte: dar el máximo de nuestras capacidades y confiar en que las cosas serán como tengan que ser.

Éstas son las máximas que defiende la terapia de “Aceptación y Compromiso”. Una terapia que desde que la he incorporado a mi trabajo profesional no sólo me ha permitido ejercer más eficazmente mi profesión, sino ha mejorado incalculablemente mi calidad de vida.

“Abrazar el caos. Aferrarte al descontrol. Sentir comodidad en la incertidumbre. Aliarte con el riesgo.”

Como dije al principio, hace 24 horas que acabé un exámen de casi siete horas para el que he estado preparándome casi 3 años hasta el punto de extenuar mi cuerpo y mi energía mental. ¿El resultado? No me importa. Ahora. Me envuelvo por el orgullo y la satisfacción de haber entregado lo mejor de mi. Los 365 días de cada año de trabajo. Sin descanso. Sacrificando placeres y ocio por un futuro incierto e indomable.

Ahora puedo mirar a través del cristal de la cafetería donde me hayo saboreando el primer café de la victoria y sentir una inmensa Paz. Porque independientemente de lo que ocurra a partir de ese exámen, nada podrá borrar la sabiduría que he adquirido en este viaje.

Espero que te sirvan estas líneas si tú también te hayas en estas cábalas. Me gustaría conocer tu opinión, tus miedos, tu experiencia, tus hazañas, tus fracasos.

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