Distinguir mito de realidad

“¿Soy bipolar?” Esta es una de las preguntas más frecuentes que alguien me hace cuando se entera que soy psicólogo (después de la famosa “¿me estás psicoanalizando?…”). Y es que he vivido con asombro cómo aproximadamente en la última década se ha popularizado el uso de la palabra bipolar. Un término que a mí en su momento ya me pareció bastante complejo de entender ( y ya no te digo de estudiar…), pero que para el pueblo en general ha sido relativamente sencillo incorporar en la categorización de su día a día emocional. Así que en este post voy a analizarlo al detalle para que puedas entender el intríngulis que encierra esta afamada terminología. Empezamos…

El trastorno Bipolar


“Hay un tipo concreto de dolor, miedo y soledad relacionado con este tipo de locura. Cuando estás arriba es tremendo; las ideas y sentimientos vuelan como estrellas fugaces. Pero en un momento todo cambia. La ideas son demasiadas y demasiado veloces. La confusión reemplaza a la claridad. Todo lo que antes te impulsaba ahora se pone en contra, estás irritable, asustado e incontrolable. Nunca termina ya que la locura acaba tallando su propia realidad”.


-Kay Redfield Jamison (Escritora y psicóloga)

Dentro de la psicopatología (es decir, de disciplina que estudia los trastornos psicológicos), el trastorno bipolar se considera un trastorno grave que puede condicionar enormemente la vida personal, familiar y social de quien lo padece. Antes de las últimas modificaciones del manual de diagnóstico para los trastornos psicológicos creado por la Asociación Americana de Psiquiatría (el famoso DSM-V), se consideraba al trastorno bipolar como un tipo de trastorno depresivo. Pero actualmente se le considera que tiene una importancia mayor, tanto como para considerarlo un tipo de trastorno específico. Además, la duración que puede tener, así como su gravedad y la posibilidad de “curación” son muy variables, por lo que puede considerarse uno de los trastornos mentales más graves en nuestra sociedad.

La principal afectación que produce este trastorno recae sobre el estado de ánimo. Recordemos que el estado de ánimo, para la población general, es un estado emocional duradero, es decir, que no suele durar pocos minutos u horas, sino que es una forma de sentirse que generalmente abarca desde horas a varios días y meses. Los cambios en el estado de ánimo suelen producirse de forma lenta y progresiva. Rara vez puede haber un cambio inmediato en el ánimo sino es a causa de un acontecimiento grave y traumático. El estado de ánimo moldea los pensamientos, emociones y conductas que tenemos en dos sentidos: positivo o negativo. Así que podemos tener un estado de ánimo agradable o desagradable, que nos hace pensar, sentir y actuar de forma positiva o negativa.

Una persona con trastorno bipolar experimenta cambios muy bruscos y extremos en su estado de ánimo, de tal forma que condiciona enormemente su vida durante muchos días o meses, ocasionando habitualmente consecuencias destructivas para su vida laboral, familiar, económica, social, etc. Tan extremos son los cambios en el ánimo que produce este trastorno que la persona es arrastrada desde un polo depresivo, donde el ánimo casi cumple los requisitos para diagnosticarse una depresión; a un polo “maníaco”, caracterizado por una euforia monumental que lleva a la persona a verse envuelta en situaciones de alto riesgo para su vida o su estabilidad personal. Estos dos estados de ánimo van intercalándose en la vida de la persona, pasando de un extremo a otro en cuestión de varios días o semanas.

Cuando la persona está en la fase maníaca aparecen muchos de los siguiente síntomas:

  • Sentimiento de grandeza o una autoestima desproporcionada.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • La persona habla mucho y de forma compulsiva.
  • Se produce un bombardeo de ideas en la mente.
  • Cambios rápidos en la atención.
  • Hiperactividad.
  • Realización de actividades de riesgo, como compras compulsivas, inversiones económicas irresponsables, participación constante en juergas o conductas sexuales promiscuas.

En la fase depresiva la persona presenta varios de los siguientes síntomas:

  • Un estado de ánimo deprimido la mayor parte del día.
  • Disminución grave del interés por actividades placenteras.
  • Pérdida o aumento importante del peso.
  • Insomnio o una necesidad desproporcionada de dormir.
  • Fatiga o pérdida de la energía casi todo el tiempo.
  • Sentimientos de inutilidad o de culpabilidad excesivos.
  • Disminución de la capacidad de concentración o tomar decisiones.
  • Pensamientos de suicidio recurrentes.

Estos síntomas duran la mayor parte de los días en los que se produce cada fase y suelen tener repercusiones graves en la vida de la persona. La gravedad de este trastorno hace que sea imprescindible tomar medicación psiquiátrica para poder estabilizar el estado de ánimo y controlar las conductas más destructivas a las que arrastra.

El trastorno límite de personalidad

“Las personas con este trastorno suelen llamar mucho la atención porque constantemente están metiéndose en problemas graves, que ponen en riesgo su vida o su estabilidad personal.”

Otro trastorno psicológico grave con el que frecuentemente se suele confundir el trastorno bipolar es el trastorno límite de personalidad, ya que ambos trastornos se caracterizan por graves desajustes emocionales. Las personas con trastorno límite de personalidad son personas extremadamente inestables y con numerosas conductas autodestructivas, como por ejemplo autolesiones, relaciones sexuales promíscuas, intentos de suicidio, abuso de drogas, conducción temeraria, etc. Suelen tener numerosos problemas en la relaciones sociales, pasando por fases de endiosar a personas con las que mantienen relaciones dependientes a devaluarlas a la más baja consideración.

Algunos síntomas de este trastorno son:

  • Realizan esfuerzos desesperados por no ser abandonadas, ya sea por motivos reales o imaginados.
  • Tienen relaciones personales muy intensas y desequilibradas.
  • Presentan un autoconcepto muy alterado.
  • Muestran una impulsividad que les lleva a conductas autodestructivas.
  • Han intentado suicidarse o tienen ideas de suicidio y pueden realizar conductas de autolesión.
  • Experimentan cambios bruscos en el estado de ánimo, pasando de la ansiedad, a la irritabilidad o al desánimo en cuestión de horas.
  • Viven con una sensación crónica de vacío.
  • Cuando se enfadan, la ira se manifiesta a niveles desproporcionados y tienen dificultades para controlarla.

Este trastorno suele requerir también el tratamiento psiquiátrico mediante medicación y ser abordado con terapias psicológicas especializadas, como por ejemplo la terapia dialéctica conductual. Las personas con este trastorno suelen llamar mucho la atención porque constantemente están metiéndose en problemas graves, que ponen en riesgo su vida o su estabilidad personal. Cambian con frecuencia de pareja, pueden ser muy promiscuas, es frecuente el abuso de alcohol o drogas, tienen dificultad para adaptarse a un trabajo y se vinculan a otras personas también con problemas graves.

La diferencia con cambios emocionales bruscos

“Cualquier persona en algún  momento de su vida tendrá que adaptarse a fluctuaciones emocionales que pueden tener una elevada intensidad. “

Los ejemplos anteriores son muestras de trastornos psicológicos graves, pero no todas las personas que experimentan fluctuaciones emocionales bruscas presentan un trastorno psicológico grave. Las personas a menudo experimentamos cambios emocionales rápidos ocasionados, habitualmente, por acontecimientos que irrumpen en nuestra vida de forma instantánea. Por ejemplo, si alguien te insulta, te comunican que te van a despedir del trabajo o el vuelo que tienes que coger se retrasa cinco horas… lo normal es que experimentes un cambio brusco en tus emociones, sintiendo rabia, miedo o frustración. Las emociones son respuestas de nuestro cerebro a las situaciones que encontramos en nuestra vida y tienen la función de ayudarte a afrontar esos sucesos. En los ejemplos anteriores, la rabia que experimentas cuando alguien te insulta te ayuda a poner límites y defenderte.  El miedo ante la pérdida de trabajo te forzará a buscar alternativas. La frustración que sientes al retrasarse tu vuelo te ayuda a reclamar tus derechos.

Lejos de ser perjudiciales estos cambios, te ayudan a tener una mejor adaptación a tu vida. Ahora bien, esto no puede confundirse con cambios en el estado de ánimo. El estado de ánimo, como ya he dicho, es un estado emocional más amplio que puede durar desde horas hasta días. Las emociones suelen durar algunos minutos, quizá alguna hora (en ocasiones especiales algunas horas), pero nunca días, semanas o meses. Hay personas que tienen una mayor facilidad para experimentar cambios emocionales que otras, dependiendo de su personalidad y recursos psicológicos. Pero en principio, estos cambios emocionales entrarían dentro de la normalidad y no merecerían atención clínica si no tienen repercusiones destructivas para el trabajo, la familia, el círculo de amistades o el crecimiento personal.

Cualquier persona en algún  momento de su vida tendrá que adaptarse a fluctuaciones emocionales que pueden tener una elevada intensidad. Es posible que algún día te sientas especialmente decaíd@, eufóric@, frustrad@, desenfrenad@, triste, exultante, pesimista, esperanzad@, abatid@ o alborotad@… Y puede que todo eso te pase en el mismo día.  Pero eso no es necesariamente sinónimo de trastorno o de requerir atención psicológica. Es inevitable estar bajo la influencia de acontecimientos que afectan inmediatamente a nuestra manera de pensar y sentir. A veces, incluso, nuestra mente se enroca en pensamientos rumiativos que nos abocan a estos estados bruscos. Pero a pesar de la interferencia que nos puedan generar estos estados emocionales transitorios, entrarían dentro de la más absoluta cotidianeidad. Por ello, a todos nos iría bien contar con herramientas de autocontrol, relajación y afrontamiento del estrés para experimentar una mayor calidad de vida y estar bien preparados para asumir la adversidad natural que comporta el hecho de vivir.

La inestabilidad emocional

“Las personas con esta dificultad tienen un modo de comportarse que se denomina “reactivo”. ¿Qué quiere decir esto? Pues que simplemente reaccionan a lo que les ocurre, sin tener capacidad de escoger cómo sentirse.”

Ahora bien, cuando una persona experimenta cambios emocionales bruscos con mucha frecuencia, estaríamos hablando quizá de una situación no tan normal o cotidiana y que podríamos considerar inestabilidad emocional. La inestabilidad emocional se caracteriza porque la persona tiene muchas fluctuaciones emocionales, sin capacidad para mantener un equilibrio emocional a lo largo del tiempo porque su estado emocional está bajo el dominio de los sucesos que experimenta en su vida.

Las personas con esta dificultad tienen un modo de comportarse que se denomina “reactivo”. ¿Qué quiere decir esto? Pues que simplemente reaccionan a lo que les ocurre, sin tener capacidad de escoger cómo sentirse.  Es decir, que en lugar de tomar la decisión de qué actitud adoptar bajo una determinada situación, dejan que sus emociones afloren y se desarrollen plenamente sin ejercer ningún tipo de autocontrol o autoregulación. Habitualmente sus conductas están guiadas por un sistema neuronal muy primitivo, diseñado para sobrevivir en un entorno hostil, repleto de peligros. Este sistema neuronal es el que nos emparenta con el resto de mamíferos. Y las conductas que se producen bajo el influjo de esta red primaria de neuronas se basan en respuestas impulsivas a emociones de miedo o ira, por lo que el comportamiento habitual de la persona suele resultar frecuentemente agresivo.

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La persona con inestabilidad emocional con mucha frecuencia ve condicionada su vida por patrones de reacción lucha-huída. Cuando experimentan conflictos con otras personas, suelen ver la realidad en blanco o negro, de forma muy rígida e inflexible. Así que no buscan llegar a acuerdos. Simplemente se aferran a la emoción que surge en el momento y actúan en consecuencia. Pueden pasar de considerar a su pareja como un enemigo a destruir a demostrarle que es el amor de su vida; dejar la relación en un momento de frustración, para después intentar volver de la forma más desesperada; insultar y amenazar para luego ser la persona más cariñosa del mundo… Estas personas se enfadan fácilmente por situaciones aparentemente sin importancia, demostrando su enfado sin ningún reparo a ofender al resto de personas. Pueden incumplir compromisos sociales por una frustración momentánea y si en algún momento notan una falta de motivación o interés en estar con alguien no dudan en darle calabazas a esa persona.

Detrás de esta inestabilidad emocional hay una gran intolerancia a las emociones negativas y una inmadurez acentuada en las capacidades de autoregulación emocional y autocontrol. Por ello, la persona trata por todos los medios de deshacerse de las sensaciones desagradables que experimenta conductas imprudentes, como cambiar frecuentemente de pareja, abusar de alcohol o drogas, conductas agresivas o violentas, provocación de conflictos personales, abandono de trabajos, etc.

¿Qué hacer en estos casos?

“Vivir comporta experimentar situaciones difíciles, que nos confrontan con nuestros propios límites, que ponen de manifiesto nuestra vulnerabilidad y que truncan nuestras expectativas.”

En primer lugar, si estamos hablando de alguien que cumple los requisitos para ser diagnosticado de trastorno bipolar o trastorno límite, como ya he explicado, necesitaría atención psiquiátrica y psicológica. Este tipo de trastornos suele tener una duración larga, a veces tienen una condición crónica, por lo que suele ser frecuente requerir atención especializada durante el resto de su vida para poder llevar una vida normalizada.

En el caso de personas con inestabilidad emocional la situación no sería tan grave, pero sí necesitarían realizar terapia psicológica temporalmente para regular esos cambios inadecuados en su estado emocional y de esta forma alcanzar una mayor calidad de vida. La inestabilidad emocional suele deteriorar, sobretodo, las relaciones familiares y de pareja. Las técnicas de autocontrol, de relajación y la reestructuración de pensamientos distorsionados suelen aportar unas competencias personales oportunas para afrontar este tipo de dificultades y evitar que se produzca un desequilibrio constante en la vida de la persona.

Por otro lado, si simplemente lo que ocurre es que se están experimentando sucesos vitales que provocan emociones intensas y fluctuantes, al margen de cualquier otro trastorno o dificultad especial, adoptar un enfoque de aceptación aporta una actitud solvente para afrontar esta circunstancias. Al fin y al cabo, vivir comporta experimentar situaciones difíciles, que nos confrontan con nuestros propios límites, que ponen de manifiesto nuestra vulnerabilidad y que truncan nuestras expectativas. Aceptar las reacciones emocionales que nos generan y adaptarnos a la realidad externa que provocan ayuda a prevenir estrés, ansiedad y otras reacciones emocionales potencialmente más negativas que amenazan nuestro equilibrio emocional

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