Con la llegada de este nuevo año se abre una oportunidad maravillosa para trascender todas aquellas situaciones que nos hacen vulnerables al sufrimiento y alcanzar una fortaleza mental generadora de paz interna. En este post encontrarás algunas claves de la terapia aceptación y compromiso con matices de sabiduría oriental para alcanzar este propósito.

Todo lo que surge se desvanece

“Las enseñanzas budistas nos dicen que los seres humanos tejemos un vínculo de apego con todo aquello que consideramos “bueno” y nos identificamos con ello”.

Dijo una vez un monje budista que todo lo que había aprendido durante sus 20 años de monje se podía resumir en una sola frase: “todo lo que surge se desvanece.”

Freud descubrió que la tendencia general del ser humano se inclina hacia la búsqueda de placer. Y las enseñanzas budistas nos dicen que los seres humanos tejemos un vínculo de apego con todo aquello que consideramos “bueno” y nos identificamos con ello: nuestros padres, nuestra pareja, nuestro hogar, nuestro trabajo… Al apegarnos e identificarnos con lo que consideramos bueno, generamos dependencia. Y la dependencia es el núcleo del sufrimiento.

Todo lo que está dotado de forma es impermanente, perecedero. Nuestros padres morirán. Nuestra relación de pareja finalizará en cualquier momento. Nuestro piso dejará de adecuarse a nuestras necesidades. Tarde o temprano acabaremos perdiendo un trabajo o Éste cambiará sustancialmente en la forma en la que veníamos haciéndolo.

Nada que pueda tocarse con las manos permanecerá en nuestra vida. La identificación y el apego serán enormes obstáculos para la aceptación del cambio. Nuestra dependencia a las formas es un germen de sufrimiento.

El budismo lo llama dukkha. Una palabra que quiere decir que tu felicidad e infelicidad son la misma cosa, tan sólo las separa la ilusión del tiempo.

Aceptar la pérdida

“Nuestra dependencia a las formas es un germen de sufrimiento.”

Aceptar la pérdida como un estado natural de la vida nos libera del sufrimiento. Cuando aceptamos que la vida está constituida de ciclos nos liberamos del apego, de la ilusión de permanencia, de la dependencia de las formas. Y sólo así somos capaces de disfrutar de lo que el presente nos entrega.

El desvanecimiento de una persona, cosa o situación es el preludio del surgimiento de una nueva persona, cosa o situación en nuestra vida. Lo antiguo debe de diluirse en la nada para hacer espacio a lo nuevo.

Ha sido así desde el principio. Y así seguirá siendo. Porque nuestra existencia en este mundo es una mera anécdota que apenas durará un puñado de años. Un puñado de años que se diluirán en la inmensidad de la historia de la humanidad, hasta fundirse con ella, sin poder distinguir formas, identidades o apegos. Un todo indivisible del que formamos parte. Unidos a él, pero no dependientes de él. Fundidos con él, pero no confundidos con él.

Buscar la trascendencia

“Trascender implica superar los límites del tiempo, cobrar vida en la memoria emocional e inmortalizarse en el recuerdo.”

Cuando buscamos la trascendencia en nuestras acciones entramos en una nueva dimensión de existencia. El apego a las formas o a la materia se disipa y el significado cobra todo el protagonismo. Trascender implica superar los límites del tiempo, cobrar vida en la memoria emocional e inmortalizarse en el recuerdo.

Toda experiencia que se transforma en un recuerdo emotivo perdura a la erosión de los años y desaparece la necesidad de apego. No puedes apegarte a algo que no puede desaparecer. Sólo se puede generar dependencia de lo perecedero. Por tanto, quien trasciende en sus experiencias alcanza un estado superior de vida.

Escoger la sabiduría en cada vivencia otorga inmunidad ante el sufrimiento. Nos hacemos Fuertes al desprendernos de las formas. Porque la sabiduría es infinita y eterna. Cobra vida en el inconsciente colectivo de un pueblo y ya nada ni nadie puede hacerle daño.

Fuente bibliográfica: el poder del ahora.