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Quizá te haya molestado tanto el título de este post que un impulso irrefrenable te haya llevado a leerlo. O puede que simplemente te hayas sentido tan identificade con el titular que sólo quieras reafirmarte después de pasar por una ruptura de la que tu ex te hace único culpable. O bien sólo haya conseguido despertarte un poco de curiosidad. En cualquier caso, este no es un post de los de darte palmadita en la espalda. Más bien todo lo contrario. Si estás pasando por una de esas etapas de ruptura sentimental infernal siento decirte que… “tu ex no tiene la culpa”. ¿Quieres saber por qué?

NADIE TIENE QUE QUERERTE

“It’s looking like a limb torn off or altogether just taken apart. We’re reeling through an endless fall. We are the ever-living ghost of what once was (Es como una extremidad arrancada o como todo desbaratado. Estamos tambaleando a través de una caída sin fin. Somos el fantasma siempre vivo de lo que fue).”

-Band of horses, “No one’s gonna love you”-

Es tan improbable como milagrosa esa experiencia en la que dos personas hacen “match” (algo así como una coincidencia amorosa).. ¿verdad? De pronto todo el aparato digestivo queda tan colapsado de mariposas que incluso acaba perdiéndose el instinto de avituallamiento. Todo el entramado de neuronas queda impregnado de la imagen amada y se extingue la capacidad de pensar en cosas frugales como: el resto del mundo. Es todo tan fascinante y absorbente que pareciera que no debiera tener fin. Pero lo tiene.

Y lo tiene porque nadie tiene que quererte. Nadie está obligado a profesarte y consumar amor eterno. Porque alguien puede encapricharse contigo desde pocas horas hasta unos cuantos lustros. Hay quien dice vivirlo durante décadas. ¿Quién sabe? Lo que sí que sabemos es que se acaba. Cuando sea, pero se acaba.

Incluso aunque alguien permaneciese a tu lado un tiempo que simulase el infinito, acabaría perdiendo ese instinto relampagueante que le lleva a querer devorar tu cuerpo, embeber tu alma y fosilizar sus huesos en tu cama. Poco a poco esa caldera volcánica de donde emerge su amor por tí se va enfriando y a veces una capa gélida la sella para siempre.

¿Y qué?

DEJA DE PERSEGUIR VALIDACIÓN/ ACEPTACIÓN/ RECONOCIMIENTO

“I’m not the kind of fool who’s gonna sit and sing to you about stars (No soy el tipo de tonto que se sentará y te cantará acerca de las estrellas).

-Alex Turner, “Stuck on the puzzle”-

A mi parecer, la búsqueda de validación/aceptación/reconocimiento es frecuentemente la fuente de todo mal respecto a los “ex”. Especialmente si tu ex es quien ha roto la baraja y ha impuesto ese muro de distanciamiento que acaba por finiquitar el negocio de la relación. Para la parte “abandonada” la sensación es de haber malvendido los bienes conyugales muy por debajo de precio, con un cartel que reza algo así como: “50% descuento por liquidación”.

Y lo más cínico y peliagudo de todo es que en muchas ocasiones hasta tú habías fantaseado con la posibilidad de bajar definitivamente la persiana. Pero lo que duele (lo que te j*de realmente) es que la idea no la hayas planteado tú primero. Y de pronto nace en tí un enamoramiento repentino, atormentado y pegajoso, que te une exasperadamente a esa persona que justo tú estabas pensando en dejar. Y como lo que no entraba en tus planes era precisamente ser tú la persona “dejada”, te encoleriza por tener que interpretar tú -a marchas forzadas- el papel de persona moralmente hundida.

La ruptura te sitúa en esa estantería de productos de ocasión. Objetos de valía en la dimensión de lo cualquier tiempo pasado fue mejor, y que ahora se venden como gangas en wallapop. Como ese iphone 4 tirado de precio. Y en lugar de asumir que has pasado de moda para la persona que marcha, haces acopio de dignidad y cargas contra ella, tratando de disuadirla mostrando tus mejores galas. Buscando provocar entre miedo y culpa. Y todo ¿por qué? Porque necesitas que esa persona -y sólo esa- repare la sensación de  “juguete roto” y reconozca desenfrenadamente lo mucho que pierde al dejarte.

Y es por eso que tu ex no tiene la culpa.

NO EXISTE NADA QUE PUEDA LLENAR TUS VACÍOS -EXCEPTO TÚ-

“Tell me something, boy, aren’t you tired tryin’ to fill that void? Or do you need more? (Dime algo, chico, ¿no estás cansado tratando de llenar ese vacío? ¿O necesitas más?)”

-Lady Gaga & Bradley Cooper, “Shallow”-

El ser humano parte de un enorme y vasto vacío por descubrir: el núcleo de su existencia. Y mientras tanto logra entender tal anegante misión, la gravedad del ego nos desplaza hacia cometidos baladíes e insustanciales: apegos, placer y otros sucesos fugaces.

Cuanto más lapso de tiempo ocurre entre nuestra toma de posesión de conciencia y la presencia en el cometido severo de nuestra existencia, mayor probabilidad de quedar a merced de los dictados de la física y química del cuerpo. Una dimensión que te hace vulnerable a lo intenso. Y no hay nada más intenso que el “amor romántico”. Esa clase de sentir que se debate entre la experiencia dual: amor-odio, pasión-muerte, eternidad-olvido.

Creíste hallar en los ojos amados una suerte de salvavidas frente a ese encargo abrumador de encontrar la esencia de tu vida. Y el entusiasmo te confundió hasta tal punto de convencerte de haber encontrado el atajo perfecto para acortar el camino. Pero cuando ese manto anestésico se destapa con la pérdida su repentina, la ausencia de significado queda al descubierto y de pronto nada tiene sentido. Se desvanecen las fantasías que te habían sumido en un hondo letargo. Y despertar supone dejar cambiar el sueño por pesadilla. E instalarte indeterminadamente en ella.

¿Por qué tendría tu ex que eximirte del cometido de hallar el propósito de tu existencia? ¿Por qué debería ser el núcleo gravitatorio que orquestase el orden y la lógica en tu vida? No, tu ex no tiene la culpa: no existe nada que pueda llenar tus vacíos -excepto tú-.

LAS MONTAÑAS RUSAS SON UN VIAJE DE POCOS MINUTOS

“You didn’t see it, I didn’t see it, I didn’t see it, But now, oh, I do. I play your game, I play your game. Now I play your game, I play your game. I take my chances alone. Get on your horse and be gone, I will not wait up for you anymore (No lo viste, No lo ví, No lo ví, Pero ahora, oh, lo hago. Juego a tu juego, juego tu juego. Ahora yo juego a tu juego. Juego a tu juego. Me arriesgo solo. Sube a tu caballo y vete. No te esperaré más)”

– The Strokes, “Chances”-

Incluso aunque nada de lo anterior tenga sentido para tí, ¿qué tal esto?: sucede que acabaste con una adicción de caballo a la adrenalina, a las subidas y bajadas vertiginosas que te provocaba estar con él/ella/elle. Y ahora que ya no está, ¿quién te llevará del infierno a Saturno en escasos segundos?

Creíste que eso del amor era algo así como tener un pase vip e ilimitado a Port Aventura. Que cada día sería un viaje en Dragon Khan y que estar con alguien sólo tiene sentido si es ese alguien te hace subir a 3 metros sobre el cielo. Y con tanto hype se te pasó reparar en que las montañas rusas son un viaje de pocos minutos.

¿Pretendías hacer del éxtasis algo eterno? Eso equivale a decir que deseas barra libre de cocaína cada día. Porque no hay ningún mecanismo natural en nuestra biología que permita una euforia sostenida. Nuestro cuerpo es como una sonata, que vibra en diferentes movimientos, con tempos y melodías variantes para necesariamente componer una obra equilibrada y sutil.

Tu ex no tiene la culpa de cómo funcionan las leyes de la endocrinología humana. Tu ex no tiene la culpa de que a todo subidón le sigua su correspondiente bajonazo. Tu ex no tiene la culpa de que de la misma forma que al principio todo era fuego y magia todo ha quedado reducido a cenizas y fiasco. Y por mucho que insistas replicando el mismo speech en cada sobremesa con familia y amigues… tu ex no tiene la culpa de que lo único que os unía a tu ex y a tí era una afición desmesurada por la intensidad emocional. Una intensidad que tiene la misma caducidad que un yogur.

Y LO PEOR DE TODO…

“No voy a decir que cuidaré de ti, ni siquiera sé cuidarme. Es posible que sea yo quien necesite que lo salven. Pero te quiero más que a nadie. De eso estoy seguro, por mucho tiempo que pase.”

-Los Planetas, “Canción para ligar (o para que no me dejes”-

Y lo peor, lo peor de lo peor de todo este tinglao egoico de orgullo maltrecho y herido es que tu ex lo hizo lo mejor que “supo”. A pesar de ser un capulle integral; a pesar de ser más desastre que la debacle de Chernóbil; aún cuando hizo méritos para ser nominade a los Golden Raspberry por la peor interpretación del año… no daba para más, ¿qué más quieres?

Lo verdaderamente j*dido de la situación es que al menos, aunque fueran sólo por unos erráticos segundos, intentó hacerlo bien. Trató de seducirte, encandilarte, sorprenderte, alagarte, emocionarte, quererte (a su manera) y ponerle ganas al asunto. Quizá no fueran algunos segundos. Quizá fueran unos pocos días. Y quien dice días dice algunos meses. Pero lo importante es participar, ¿no? Eso dicen… Y quiso participar de la historia, con todos sus defectos (pese a que fueran muchos) y con todas sus virtudes (por más que fueran pocas).

Pregunta: ¿por qué te das tanta importancia? ¿Crees que nadie tiene derecho a hacerte daño, a abandonarte, traicionarte o desprenderse de tí como quien tira una colilla por la ventanilla de un cadillac mientras pisa a fondo el acelerador en una solitaria autopista de Arizona? Pues lo siento pero sí. Lo j*dido es que tiene todo el derecho. No hay ninguna norma legal que prohíba romperle el corazón a otra persona. Ocurre todos los días, en todos los sitios. Desde el patio de una guardería hasta el baño de un after hour.

No está prohibido decepcionar, traicionar o incumplir los lazos románticos, aunque para ello se caiga en el nivel humano más bajo habido y por haber. Porque la verdad de todo esto es que cómo decida tu ex hacer y deshacer con su vida no es asunto tuyo. De quién se enamora tu ex, con quien se acuesta o a quien elige para pasar unas pomposas vacaciones en Cerdenya no es -en absoluto- de tu incumbencia.

Porque el compromiso es una elección diaria. ¿Por qué tendría que ser diferente? ¿Por qué las cosas tendrían que ser “para siempre”? ¿Por qué negar la finitud de la existencia? ¿Y qué más da eso? ¿Qué te estanca en ese lodo de victimismo y autocompasión?¿Acaso no eres tú únique responsable del guión de tu vida? ¿Acaso no eres libre también de traicionar las promesas que le hiciste; de andar otras lindes; de despertar bajo un techo distinto? ¿Acaso no cuentas siempre contigo? ¿Qué te impide seguir adelante, embarcarte en nuevas aventuras, explorar otras dimensiones, redefinir tu proyecto, expandir tus límites?

Porque sea lo que sea que hizo, tú te tienes, siempre te has tenido y siempre te tendrás a tí. Tú y sólo tú eres el único elemento de la ecuación que siempre se mantiene invariable en las matemáticas de tu vida. Por eso tú y sólo tú eres lo que importa. Porque tú no puedes cambiar lo que sucede, pero sí puedes escoger qué tipo de relación quieres tener con lo que te sucede.

Porque como le dijo Andrea a Ramiro en “Todas las canciones hablan de mí”:

“He estado intentando convencerme de que abandonar a una persona no es lo peor que se le puede hacer. Puede resultar doloroso, pero si uno no dejase nunca nada ni a nadie, no tendría espacio para lo nuevo. Sin duda, evolucionar constituye una infidelidad… a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Tal vez cada día debería contener al menos una infidelidad esencial o una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador, que garantizaría la fe en el futuro. Una afirmación de que las cosas pueden ser no sólo diferentes, sino mejores.”

-“Todas las canciones hablan de mí” (2010), Jonás Trueba-

Por eso tu ex no tiene la culpa. No la tuvo nunca.

Nota: este post ha sido (o ha pretendido serlo) escrito con lenguaje inclusivo, así que seguramente sientas una sensación estridente de fondo si tienes algún tipo de prejuicios acerca del género. Si quieres profundizar en por qué lo hago puede que te interese este artículo:

https://www.psyciencia.com/lenguaje-inclusivo-investigaciones/

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REFERENCIAS: