El Derecho a ser Pesimista

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En los últimos 15 años much@s psicólog@s hemos dado mucha tralla con el tema de la psicología positiva. Prácticamente hemos creado una especie de “obligación de ser optimista”, de ser feliz, de disfrutar de la vida. Y aunque creo firmemente que podemos conseguir una vida alegre y estimulante la mayor parte del tiempo (puedes leer el post “Cómo vencer el pensamiento negativo”), hoy voy a romper una lanza a favor de los pesimistas. Sí, hoy voy a defender el derecho a verlo todo negro, a renegar de la vida, a que te duelan hasta las venas, a vivir en la noche más oscura. Así que si eres de esas personas que vive con una pesadumbre y regomeyo perenne, con las ganas de vivir en números rojos… hoy estoy de tu parte.

La vida apesta
“Los buenos casi siempre pierden y los malos ganan al final de la película.”

Sí, amig@. La vida apesta. Pero esto no es ningún descubrimiento. Desde el momento de nacer ya estamos sufriendo. Así que no nos engañemos. Éste nunca ha sido un cuento de hadas. Los buenos casi siempre pierden y los malos ganan al final de la película. La suerte no suele estar de tu lado, cuando necesites que te echen un cable seguramente acabaran por ponerte la zancadilla, y para colmo, nunca serás de esas personas que salga por la tele con un décimo de lotería premiado. Así es la vida… así es la vida.

Por eso puedes sentirte como te de la gana. Puedes llorar, gritar, maldecir, refunfuñar, desesperarte, desmotivarte, renegarte, frustrarte, cabrearte, irritarte, disgustarte o malhumorarte… Puedes tener ganas de tirar la toalla, de hacer las maletas, de partir peras, de bajarte del carro, de apearte del tren, de quedarte sentado, de mandarlo todo a hacer puñetas… Es decir, que por poder… puedes sentirte como te salga de la real gana.

Ahora… Eso sí. Si vas a ser pesimista, tienes que ser profesional. Te puedes sentir como quieras, pero lo que no puedes hacer es ser un incompetente en la materia. Ser pesimista no es nada fácil. Tampoco es un camino de rosas. Pero si has decidido coger esta vía y gozar de los privilegios de sentirte como quieras, tendrás que asumir también las obligaciones que eso comporta. Sí, obligaciones. Porque ser pesimista también requiere unos compromisos, unas responsabilidades. Vas a tener que esforzarte como el que más. Porque si vas a ser pesimista no vale con serlo a medio gas.

Pesimista profesional
“Dar pena es de novatos. El pesimista profesional se entrega a su dolor con una vocación masoquista.”

Por tanto, vamos a ello. Voy a intentar prepararte para que seas el mejor en lo tuyo, para que goces de notoriedad en el mundo oscuro de la negatividad. Te sigo advirtiendo que no va a ser fácil, que vas a tener que currar a tope. Porque ser pesimista no es cuestión de voluntad. Hay que ganárselo.

Para empezar un pesimista profesional no se queja, la procesión va por dentro. Sí, sí, no puedes quejarte. La queja no está permitida para un pesimista experimentado, quejarse es de aficionados. Los profesionales expertos no se quejan. Sufren como bellacos y no le cuentan milongas a la persona que tienen al lado. Porque si una cosa tiene clara el pesimista profesional, es que no quiere dar pena. Dar pena es de novatos. El pesimista profesional se entrega a su dolor con una vocación masoquista. Es un Juan Palomo: “yo me lo guiso… yo me lo como.”

Deberes por igual que privilegios.
“Nada de quedarse sentado esperando a que se solucionen las cosas. Eso no es serio.”

Otra cosa que caracteriza al pesimista profesional es que cumple con sus obligaciones sin ganas. Sí. El pesimista profesional puede estar destrozado, tocado, hundido por dentro y sentirse acabado… y sin embargo da la cara. Nada de quedarse sentado esperando a que se solucionen las cosas. Eso no es serio. Un especialista de la negatividad hace lo que tiene que hacer, cuando lo tiene que hacer y como lo tiene que hacer. Ni más ni menos.

Eso quiere decir que hace las cosas aunque piense que no va a servir de nada. Se apunta a baile, va al gimnasio, hace terapia, sale con l@s amig@s, se va de viaje, busca trabajo e incluso intenta encontrar el amor… Aunque sienta que está perdiendo el tiempo, a pesar de que piense que no le va a salir bien la jugada. Porque la diferencia entre el profesional y el novato es que el profesional ACTÚA y el novato se queda sentado.

Lucha 0.
“La vida le ha hecho ser así y así será el resto de sus días.”

Efectivamente. El pesimista profesional no lucha contra sus pensamientos porque sabe que no los va a cambiar. Sabe que es así y que por mucho que se esfuerce, por muchos libros de autoayuda que lea, por más que intente cambiar pensamientos negativos por positivos… sabe que no va a ser de otra manera. Es como es y no se le puede hacer nada.

El pesimista profesional se acepta tal cual. No se avergüenza de ser un pelma, todo lo contrario: se enorgullece de su derrotismo. La vida le ha hecho ser así y así será el resto de sus días. Nadie dijo que ser pesimista fuese un pecado. Ser optimista está bien para quien se lo pueda permitir. Pero alguien tiene que hacer el papel menos agraciado. Así que… ¿por qué no va a sacar pecho? Después de todo, ¡se puede considerar un bien social!

Así que nada, si te has propuesto sinceramente amargarte la existencia, este post no te ayudará a sentirte mejor, pero te aseguro que si lo sigues al pie de la letra vas a ser el mejor pesimista del mundo…

¡Ánimo y al lío!

Es posible que te interese leer: “Supervivientes“.

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